La Confirmación es uno de los tres sacramentos de iniciación cristiana. Mediante la imposición de manos y la unción con el Santo Crisma, el bautizado recibe la plenitud del Espíritu Santo. El Catecismo enseña: «Por el sacramento de la Confirmación, los bautizados se unen más perfectamente a la Iglesia» (CIC 1285).
Donde el Bautismo es el sacramento del renacimiento, la Confirmación es el sacramento de la madurez espiritual. La palabra confirmatio significa fortalecer o hacer firme.
En Hechos 8:17, los Apóstoles imponen las manos sobre los recién bautizados: «Entonces les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo». Jesús prometió: «Recibiréis poder cuando el Espíritu Santo venga sobre vosotros» (Hechos 1:8).
Estos dones corresponden a Isaías 11:2: «Reposará sobre él el Espíritu del Señor: espíritu de sabiduría y de inteligencia...»
Los candidatos generalmente reciben la Confirmación en la adolescencia, o como adultos a través del RICA en la Vigilia Pascual. La preparación incluye instrucción catequética, vida parroquial y servicio comunitario. Los candidatos deben estar en estado de gracia y elegir un nombre de confirmación y un padrino.
El obispo extiende las manos y ora por el Espíritu Santo. Ungiendo la frente de cada candidato con el Santo Crisma, dice: «Recibe por esta señal el Don del Espíritu Santo». El confirmado es ahora miembro pleno de la Iglesia —un soldado de Cristo.
Prepara tu corazón para la Confirmación asistiendo a Misa Diaria y creciendo en la gracia.
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