Pocas devociones han calado tan hondo en el corazón de los católicos en las últimas décadas como la Coronilla de la Divina Misericordia. Es una oración breve, sencilla y poderosa, que Jesús mismo pidió a Santa Faustina Kowalska. Se reza con el rosario común, en pocos minutos, y puede transformar un día entero. Si quieres aprender a rezarla, saber cuándo conviene hacerlo y entender qué promesa le está unida, sigue leyendo: aquí lo explico paso a paso.
La Coronilla es una oración de intercesión centrada en la misericordia de Dios. Su nombre viene de la palabra latina corona, porque se reza sobre las cuentas del rosario. En lugar de los misterios, se medita la pasión, muerte y resurrección de Cristo, y se pide misericordia para el mundo entero.
Lo esencial de esta oración es su confianza absoluta. Dios es rico en misericordia y espera que le pidamos. No hace falta ser un maestro de oración para rezarla: los niños la aprenden en una tarde y los enfermos la encuentran consoladora. Su fuerza no está en la elocuencia, sino en la fe con que se pronuncia.
Jesús dictó esta oración a Santa Faustina Kowalska, una religiosa polaca del siglo XX, entre 1933 y 1938. En su Diario, la santa cuenta que el Señor se le apareció y le enseñó las palabras exactas de la Coronilla, prometiendo gracias extraordinarias a quienes la recen con fe.
Santa Faustina fue canonizada por San Juan Pablo II, que hizo de la Divina Misericordia uno de los ejes de su pontificado y estableció el Domingo de la Misericordia para toda la Iglesia. El Papa polaco murió precisamente en la vigilia de esa fiesta, un detalle que muchos fieles leen como un sello providencial sobre esta devoción.
Jesús pidió expresamente que la Coronilla se rece a las tres de la tarde, la hora de su muerte en la cruz. En esa hora, dice el Diario, "es la hora de gran misericordia para el mundo entero". Pero la oración vale en cualquier momento: por la mañana, antes de dormir, en el transporte, en un momento de angustia.
También es tradición rezarla durante la novena que precede al Domingo de la Misericordia, en los funerales y especialmente junto a los enfermos y agonizantes. Rezarla por un moribundo es una de las obras de misericordia más consoladoras que existen, y muchos sacerdotes la recomiendan en los últimos momentos de vida.
Se reza con el rosario. Al principio, la señal de la cruz, un Padrenuestro, un Avemaría y el Credo. En la cuenta grande de cada decena se reza: "Padre Eterno, te ofrezco el Cuerpo y la Sangre, el Alma y la Divinidad de tu Amadísimo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, en expiación de nuestros pecados y de los del mundo entero".
En las diez cuentas pequeñas se reza: "Por su dolorosa Pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero". Al terminar las cinco decenas se repite tres veces: "Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros y del mundo entero". En total, apenas unos diez minutos.
La promesa central es impresionante: "A las almas que recen esta Coronilla, quiero conceder todo lo que me pidan, si es conforme a mi voluntad". Jesús añadió otra promesa para la hora de la muerte: quien la rece "alcanzará misericordia en la hora de la muerte", y lo mismo sucede con quienes la rezan por los agonizantes.
Pero la promesa no es automática. Las condiciones son rezar con confianza, con perseverancia y con un corazón dispuesto a la misericordia: quien pide perdón debe estar dispuesto a perdonar. La Coronilla no es un amuleto; es un encuentro con el amor de Dios que nos va transformando por dentro.
Jesús pidió a Santa Faustina una novena que comienza el Viernes Santo y termina el sábado anterior al Domingo de la Misericordia. Cada día se trae ante Dios un grupo distinto de almas: los pecadores, los sacerdotes, los niños, los que no conocen a Dios, los humildes, las almas del purgatorio.
Es una forma concreta de vivir el mandamiento del amor y de pedir misericordia para el mundo. Muchas personas la hacen cada año y cuentan gracias recibidas. No hace falta ir a una iglesia: se puede seguir la novena desde casa, con un libro o por internet, y ofrecerla por las intenciones que cada uno lleva en el corazón.
¿Se puede rezar sin haber hecho la novena? Claro, la Coronilla es libre y siempre bendecida. ¿Necesito un rosario? Ayuda, pero si no tienes uno, puedes contar con los dedos. ¿Puedo rezarla por otra persona? Sí, es una oración de intercesión; puedes ofrecerla por los enfermos, por los difuntos o por una intención concreta.
¿Hay que estar en gracia para rezarla? La oración siempre es buena, y si tienes conciencia de pecado grave, empieza por la confesión. La misericordia de Dios es justo el lugar donde los pecadores encuentran refugio, y esta Coronilla es su puerta. Si quieres unir tu oración a la Eucaristía, puedes solicitar una intención de misa y ofrecerla junto a tu Coronilla.