San Padre Pío (1887-1968), un humilde fraile capuchino, llevó las heridas visibles de Cristo durante cincuenta años. Su vida estuvo marcada por curaciones milagrosas, bilocación, la capacidad de leer las almas y una intensa devoción a la Eucaristía.
El 20 de septiembre de 1918, mientras oraba ante un crucifijo, el Padre Pío recibió los estigmas visibles. Las heridas nunca sanaron, emitían una fragancia de flores y le causaban intenso sufrimiento. Las autoridades eclesiásticas lo sometieron a años de investigación.
El Padre Pío podía leer las almas, bilocarse, sanar a los enfermos y tenía conocimiento sobrenatural de eventos futuros. A pesar de estos dones, permaneció humilde, llamándose a sí mismo «un pobre fraile que reza».
La Santa Misa era el centro de su vida. Decía: «Sería más fácil que el mundo existiera sin el sol que sin la Santa Misa». Exhortaba a la Comunión frecuente y a las visitas al Santísimo Sacramento.
Canonizado por el Papa Juan Pablo II en 2002, el cuerpo incorrupto del Padre Pío es venerado en San Giovanni Rotondo. Sus sencillas palabras siguen consolando: «Reza, espera y no te preocupes».
«Reza, espera y no te preocupes. La preocupación es inútil. Dios es misericordioso y escuchará tu oración». - San Padre Pío
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