Día litúrgico: Sábado de la 26.ª semana del Tiempo Ordinario · Santo del día: San Ambrosio Francisco Ferro
Los setenta y dos discípulos vuelven de su misión llenos de alegría porque hasta los demonios se les someten en el nombre de Jesús. Conviene detenerse en esta escena porque allí Jesús corrige el motivo de nuestro gozo y nos enseña dónde está lo que de verdad importa.
Evangelio según San Lucas 10,17-24.
En aquel tiempo, los setenta y dos volvieron llenos de gozo y dijeron a Jesús: "Señor, hasta los demonios se nos someten en tu Nombre". El les dijo: "Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo.
Les he dado poder para caminar sobre serpientes y escorpiones y para vencer todas las fuerzas del enemigo; y nada podrá dañarlos. No se alegren, sin embargo, de que los espíritus se les sometan; alégrense más bien de que sus nombres estén escritos en el cielo".
En aquel momento Jesús se estremeció de gozo, movido por el Espíritu Santo, y dijo: "Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido.
Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie sabe quién es el Hijo, sino el Padre, como nadie sabe quién es el Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar".
Después, volviéndose hacia sus discípulos, Jesús les dijo a ellos solos: "¡Felices los ojos que ven lo que ustedes ven! ¡Les aseguro que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven y no lo vieron, oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron!".
Alégrense de que sus nombres están escritos en el cielo, no del poder que pasa.
La escena es de regreso. Los setenta y dos vuelven cansados y contentos, contando lo que les pasó por los caminos. No hablan de curaciones ni de multitudes: lo primero que dicen es que los espíritus se les someten en el nombre de Jesús. El poder los sorprendió. Jesús los escucha, pero no se queda en el asombro. Les responde con una imagen fuerte, la de Satanás cayendo del cielo como un rayo, y les recuerda que esa autoridad sobre serpientes y escorpiones no nació de ellos. La recibieron. Es un don, no un trofeo. Después viene el giro que sostiene todo el pasaje: no se alegren de que los espíritus se les sometan, alégrense de que sus nombres están escritos en el cielo. Jesús no desprecia lo que hicieron, pero les cambia el centro. El gozo no depende del resultado visible ni de la eficacia de nuestras manos. Depende de una pertenencia que no se fabrica: Dios los conoce por su nombre. Por eso el mismo Jesús se estremece de gozo y alaba al Padre porque reveló estas cosas a los pequeños y no a los sabios. La alegría verdadera no viene de dominar, viene de saberse conocido y amado por el Padre, como lo es el Hijo. Para quien lee esto hoy, la pregunta es dónde pone su alegría. Es fácil medir la fe por lo que sale bien: una oración respondida, un problema resuelto, una puerta que se abre. Jesús no prohíbe alegrarse por eso, pero señala algo más estable. Y añade una dicha para nosotros: «¡Felices los ojos que ven lo que ustedes ven!». Lo que los profetas y reyes quisieron ver, nosotros lo tenemos delante en el evangelio. Ahí está la razón para volver a él con ojos despiertos.
Padre bueno, gracias porque me conoces por mi nombre y me has revelado a tu Hijo. No dejes que ponga mi alegría solo en lo que sale bien, sino en saberme tuyo. Enséñame a mirar con ojos felices lo que tantos quisieron ver y no vieron. Dame un corazón pequeño y agradecido, como el de los discípulos que volvieron contentos. Amén.
La Iglesia no reparte los pasajes al azar. Cada fecha del calendario litúrgico tiene su propia combinación de lecturas, y el evangelio que aparece en esta página es el que corresponde al día litúrgico que figura arriba. Por eso cambia de una fecha a otra, y por eso dos días seguidos pueden hablar de cosas muy distintas. Si lees este evangelio junto con la primera lectura y el salmo responsorial de la misma fecha, verás que los tres textos se iluminan entre sí: es la misma idea dicha primero por un profeta, después por un salmo y al final por Cristo.
Solicita una intención de misa
El evangelio de hoy, con la frase para recordarlo y la oración breve, está en la página del evangelio de hoy. Si buscas también la primera lectura y el salmo responsorial de esta misma fecha, entra en las lecturas del 3 de octubre de 2026. Y el comentario largo del pasaje, en la página del evangelio del día.
Los setenta y dos discípulos vuelven de la misión llenos de gozo porque los espíritus se les someten en el nombre de Jesús. Jesús les corrige el motivo de la alegría: deben alegrarse de que sus nombres están escritos en el cielo. Luego alaba al Padre por revelar estas cosas a los pequeños y felicita a sus discípulos por ver lo que muchos quisieron ver.
Jesús habla primero a los setenta y dos que regresan de la misión, y después se dirige al Padre en una alabanza llena de gozo. Al final se vuelve hacia sus discípulos, a ellos solos, para decirles que son felices sus ojos porque ven lo que muchos profetas y reyes desearon ver. Es una palabra para los que lo siguen de cerca y también para quien hoy lee el evangelio.
Significa que Dios los conoce personalmente y los tiene como suyos. No es un registro frío, es una pertenencia amorosa: el nombre propio indica cercanía y elección. Jesús les dice que esa alegría es más honda que el poder sobre los espíritus, porque no depende de lo que hacen sino de lo que Dios hace con ellos. Es la alegría de saberse amado y llamado.
Puedes revisar dónde pones tu alegría. Si depende solo de resultados, de que las cosas salgan como esperas o de sentirte útil, este pasaje te invita a volver al fundamento: Dios te conoce por tu nombre. También puedes agradecer lo que ves y oyes en el evangelio, y pedir ojos sencillos para reconocer lo que muchos desearon ver y no vieron.
Se estremece de gozo movido por el Espíritu Santo porque el Padre reveló estas cosas a los pequeños y no a los sabios y prudentes. No es un gozo cualquiera: es el gozo del Hijo que reconoce la manera de actuar del Padre. Jesús no se alegra del fracaso de los sabios, sino de que los sencillos reciban la revelación. Esa alabanza muestra la intimidad entre el Padre y el Hijo y la alegría de compartirla con los pequeños.
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El texto bíblico corresponde al Leccionario de la misa del rito romano. Meditación y oración: Online Catholic Mass.
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