Día litúrgico: Dedicación de la Basílica de San Juan de Letrán · Santo del día: Beato Luigi Beltrame Quattrocchi
El evangelio de esta fecha nos lleva al Templo de Jerusalén, donde Jesús encuentra vendedores y cambistas y reacciona con fuerza. Conviene detenerse en esta escena porque ahí se revela quién es él y qué lugar ocupa su cuerpo en la historia de la salvación.
Evangelio según San Juan 2,13-22.
Se acercaba la Pascua de los judíos. Jesús subió a Jerusalén y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas y a los cambistas sentados delante de sus mesas.
Hizo un látigo de cuerdas y los echó a todos del Templo, junto con sus ovejas y sus bueyes; desparramó las monedas de los cambistas, derribó sus mesas y dijo a los vendedores de palomas: "Saquen esto de aquí y no hagan de la casa de mi Padre una casa de comercio".
Y sus discípulos recordaron las palabras de la Escritura: El celo por tu Casa me consumirá. Entonces los judíos le preguntaron: "¿Qué signo nos das para obrar así?".
Jesús les respondió: "Destruyan este templo y en tres días lo volveré a levantar". Los judíos le dijeron: "Han sido necesarios cuarenta y seis años para construir este Templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?".
Pero él se refería al templo de su cuerpo. Por eso, cuando Jesús resucitó, sus discípulos recordaron que él había dicho esto, y creyeron en la Escritura y en la palabra que había pronunciado.
Jesús limpia el Templo y anuncia que su cuerpo será el nuevo santuario.
La escena es desconcertante. Jesús entra en el Templo y encuentra un mercado montado en el lugar sagrado: bueyes, ovejas, palomas y mesas de cambistas. No se queda callado. Hace un látigo de cuerdas y echa a todos, desparrama las monedas y derriba las mesas. Su gesto no es un arrebato sin sentido: defiende el honor de la casa de su Padre. A los vendedores de palomas les dice: «Saquen esto de aquí y no hagan de la casa de mi Padre una casa de comercio». El celo por la casa de Dios lo consume, como recordarán después sus discípulos. Los judíos le piden una señal. Jesús responde con una frase que nadie entiende en ese momento: «Destruyan este templo y en tres días lo volveré a levantar». Ellos piensan en piedras y en cuarenta y seis años de construcción. Él habla de su cuerpo. El evangelio lo aclara: se refería al templo de su cuerpo. Ahí está la clave de todo. El lugar del encuentro con Dios ya no será solo un edificio de piedra, sino la humanidad de Jesús, entregada y resucitada. Para quien lee esto hoy, la escena invita a mirar dónde hemos puesto nuestras seguridades y qué hemos metido en el espacio que corresponde a Dios. También consuela: el templo verdadero es Cristo, y su resurrección da sentido a todo lo que parece derrumbarse. Cuando la vida se sacude, su cuerpo sigue siendo el lugar donde podemos encontrarnos con el Padre.
Señor Jesús, tú entraste en el Templo y no toleraste que tu Padre quedara desplazado por el comercio. Limpia también mi corazón de lo que me aleja de ti. Ayúdame a reconocer que tu cuerpo resucitado es el templo donde puedo encontrarte. Dame celo por las cosas de Dios y confianza cuando todo parece derrumbarse. Amén.
La Iglesia no reparte los pasajes al azar. Cada fecha del calendario litúrgico tiene su propia combinación de lecturas, y el evangelio que aparece en esta página es el que corresponde al día litúrgico que figura arriba. Por eso cambia de una fecha a otra, y por eso dos días seguidos pueden hablar de cosas muy distintas. Si lees este evangelio junto con la primera lectura y el salmo responsorial de la misma fecha, verás que los tres textos se iluminan entre sí: es la misma idea dicha primero por un profeta, después por un salmo y al final por Cristo.
Solicita una intención de misa
El evangelio de hoy, con la frase para recordarlo y la oración breve, está en la página del evangelio de hoy. Si buscas también la primera lectura y el salmo responsorial de esta misma fecha, entra en las lecturas del 9 de noviembre de 2026. Y el comentario largo del pasaje, en la página del evangelio del día.
Cuenta que Jesús entró en el Templo de Jerusalén, echó a los vendedores y cambistas, y anunció que su cuerpo sería el nuevo templo. Los judíos le pidieron una señal y él habló de destruir y levantar el templo en tres días, refiriéndose a su resurrección.
Jesús se dirige primero a los vendedores y cambistas que ocupaban el Templo, y luego a los judíos que le piden una señal. También habla para sus discípulos, que después recordarán sus palabras cuando resucite y comprenderán que se refería a su cuerpo.
Jesús no habla del edificio de piedra, sino de su propio cuerpo. Anuncia veladamente su muerte y resurrección. Los judíos lo entienden al pie de la letra, pero el evangelio aclara que se refería al templo de su cuerpo, que sería levantado al tercer día.
Se puede revisar qué lugares de la propia vida se han vuelto un mercado y pedir a Jesús que los limpie. También ayuda a valorar la oración y los sacramentos como encuentro con el templo vivo que es Cristo, y a confiar en que su resurrección sostiene la fe cuando algo se derrumba.
Jesús actúa movido por el celo por la casa de su Padre. No es violencia contra personas, sino un gesto profético que denuncia el comercio en el lugar sagrado. Su acción recuerda que Dios merece respeto y que el Templo debía ser casa de oración, no negocio.
Otras fechas con el evangelio que se proclama en cada una y su meditación.
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El texto bíblico corresponde al Leccionario de la misa del rito romano. Meditación y oración: Online Catholic Mass.
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