Lecturas del 9 de noviembre de 2026

Día litúrgico: Dedicación de la Basílica de San Juan de Letrán · Santo del día: Beato Luigi Beltrame Quattrocchi

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Hoy celebramos la dedicación de la Basílica de San Juan de Letrán, la catedral de Roma, que la tradición llama madre de todas las iglesias. Las lecturas de este día hablan de templos: el de piedra que se construye y el cuerpo de Cristo que se levanta. Ezequiel ve brotar agua del umbral de la Casa, y el evangelio nos lleva al Templo de Jerusalén, donde Jesús anuncia algo nuevo.

Primera lectura de hoy

Libro de Ezequiel 47,1-2.8-9.12.

Un ángel me llevó a la entrada de la Casa, y vi que salía agua por debajo del umbral de la Casa, en dirección al oriente, porque la fachada de la Casa miraba hacia el oriente. El agua descendía por debajo del costado derecho de la Casa, al sur del Altar.

Luego me sacó por el camino de la puerta septentrional, y me hizo dar la vuelta por un camino exterior, hasta la puerta exterior que miraba hacia el oriente. Allí vi que el agua fluía por el costado derecho.

Entonces me dijo: "Estas aguas fluyen hacia el sector oriental, bajan hasta la estepa y van a desembocar en el Mar. Se las hace salir hasta el Mar, para que sus aguas sean saneadas.

Hasta donde llegue el torrente, tendrán vida todos los seres vivientes que se mueven por el suelo y habrá peces en abundancia. Porque cuando esta agua llegue hasta el Mar, sus aguas quedarán saneadas, y habrá vida en todas parte adonde llegue el torrente.

Al borde del torrente, sobre sus dos orillas, crecerán árboles frutales de todas las especies. No se marchitarán sus hojas ni se agotarán sus frutos, y todos los meses producirán nuevos frutos, porque el agua sale del Santuario. Sus frutos servirán de alimento y sus hojas de remedio".

Salmo responsorial de hoy

Salmo 46(45),2-3.5-6.8-9.

El Señor es nuestro refugio y fortaleza,
una ayuda siempre pronta en los peligros.
Por eso no tememos,
aunque la tierra se conmueva
y las montañas se desplomen
hasta el fondo del mar.
Los canales del Río alegran la Ciudad de Dios,
la más santa Morada del Altísimo.
El Señor está en medio de ella: nunca vacilará;
él la socorrerá al despuntar la aurora.
El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro baluarte es el Dios de Jacob.
Vengan a contemplar las obras del Señor,
Él hace cosas admirables en la tierra.

Evangelio de hoy

Evangelio según San Juan 2,13-22.

Se acercaba la Pascua de los judíos. Jesús subió a Jerusalén y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas y a los cambistas sentados delante de sus mesas.

Hizo un látigo de cuerdas y los echó a todos del Templo, junto con sus ovejas y sus bueyes; desparramó las monedas de los cambistas, derribó sus mesas y dijo a los vendedores de palomas: "Saquen esto de aquí y no hagan de la casa de mi Padre una casa de comercio".

Y sus discípulos recordaron las palabras de la Escritura: El celo por tu Casa me consumirá. Entonces los judíos le preguntaron: "¿Qué signo nos das para obrar así?".

Jesús les respondió: "Destruyan este templo y en tres días lo volveré a levantar". Los judíos le dijeron: "Han sido necesarios cuarenta y seis años para construir este Templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?".

Pero él se refería al templo de su cuerpo. Por eso, cuando Jesús resucitó, sus discípulos recordaron que él había dicho esto, y creyeron en la Escritura y en la palabra que había pronunciado.

Reflexión del evangelio de hoy

Jesús entra en el Templo y encuentra un mercado. No es un detalle menor: el lugar de la oración se había llenado de mesas, monedas y animales. Su reacción es fuerte, y los discípulos la entienden al recordar que «el celo por tu Casa me consumirá». Hay algo que arde en él por la casa de su Padre. Pero la pregunta de los judíos abre otra puerta. Piden una señal, y Jesús responde hablando de destruir y levantar un templo en tres días. Ellos piensan en piedras; él habla de su cuerpo. El evangelista lo aclara: «él se refería al templo de su cuerpo». Aquí está el centro de la fiesta de hoy. Todo templo de ladrillo apunta a otro más hondo: el cuerpo de Cristo, entregado y resucitado. Y por el bautismo, cada uno de nosotros es también templo donde habita el Espíritu. Ezequiel añade una imagen que ilumina esto: el agua sale del umbral y sana todo lo que toca. La vida de Dios no se queda encerrada en un edificio; sale, baja, llega a la estepa y al mar. Así es la gracia que brota del costado de Cristo. San Juan de Letrán nos recuerda que la Iglesia visible existe para que esa agua corra. Las paredes no son el fin, son el cauce. Si el templo se vuelve solo comercio, pierde su sentido. Si se vuelve encuentro con el cuerpo de Cristo, se convierte en manantial para muchos.

Cómo vivir las lecturas de hoy

Antes de entrar a misa hoy, detente unos segundos en la puerta y agradece en voz baja que ese lugar existe. Luego pide por tu propia vida: que tu cuerpo, tu casa y tu trato con los demás sean un espacio donde otros encuentren paz y no ruido. Al salir, haz una obra pequeña de servicio a alguien que lo necesite, para que el agua siga corriendo fuera del templo.

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Preguntas frecuentes sobre las lecturas de hoy

¿Qué dice el evangelio de hoy sobre el Templo?

Jesús encuentra el Templo lleno de vendedores y cambistas y los expulsa, porque la casa del Padre no debe ser casa de comercio. Cuando le piden una señal, responde que destruyan el templo y él lo levantará en tres días, refiriéndose a su cuerpo resucitado.

¿Qué pide la primera lectura de Ezequiel?

Muestra el agua que sale del umbral de la Casa de Dios y baja hacia la estepa y el mar. Donde llega ese torrente, hay vida y sanación. La lectura invita a dejar que la presencia de Dios se desborde hacia fuera y alcance a otros, no que se quede encerrada.

¿Cuál es el salmo responsorial de hoy?

El salmo de esta celebración es el Salmo 45, que canta la alegría del río que alegra la ciudad de Dios y la presencia del Señor en medio de ella. Acompaña bien las lecturas, porque une la imagen del agua de Ezequiel con el Templo como lugar de la presencia divina.

¿Cómo orar con estas lecturas?

Puedes imaginar el agua que sale del umbral y pedir que corra por tu casa, tu trabajo y tus relaciones. Después mira el crucifijo y agradece que del costado de Cristo brota esa vida. Termina pidiendo ser un templo limpio, donde otros encuentren a Dios y no ruido.

¿Por qué se celebra la dedicación de San Juan de Letrán?

Porque esa basílica romana es la catedral del obispo de Roma y madre de las iglesias del mundo. La fiesta no exalta un edificio, sino la unidad de la Iglesia y el hecho de que cada comunidad cristiana es casa de Dios, unida a la Iglesia de Roma.

El texto bíblico corresponde al Leccionario de la misa del rito romano. Reflexión y comentario: Online Catholic Mass.

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