Día litúrgico: Viernes de la 31.ª semana del Tiempo Ordinario · Santo del día: San Leonardo Noblac
Hoy es viernes de la 31.ª semana del Tiempo Ordinario y la Iglesia recuerda a San Leonardo Noblac. Las lecturas nos enfrentan a una decisión diaria: vivir pegados a lo que se acaba o con el corazón puesto en el cielo. Pablo lo dice sin rodeos y Jesús lo ilustra con una parábola incómoda.
Carta de San Pablo a los Filipenses 3,17-21.4,1.
Sigan mi ejemplo, hermanos, y observen atentamente a los que siguen el ejemplo que yo les he dado. Porque ya les advertí frecuentemente y ahora les repito llorando: hay muchos que se portan como enemigos de la cruz de Cristo.
Su fin es la perdición, su dios es el vientre, su gloria está en aquello que los cubre de vergüenza, y no aprecian sino las cosas de la tierra. En cambio, nosotros somos ciudadanos del cielo, y esperamos ardientemente que venga de allí como Salvador el Señor Jesucristo.
El transformará nuestro pobre cuerpo mortal, haciéndolo semejante a su cuerpo glorioso, con el poder que tiene para poner todas las cosas bajo su dominio.
Por eso, hermanos míos muy queridos, a quienes tanto deseo ver, ustedes que son mi alegría y mi corona, amados míos, perseveren firmemente en el Señor.
Salmo 122(121),1-2.3-4a.4b-5.
¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la Casa del Señor!»
Nuestros pies ya están pisando
tus umbrales, Jerusalén.
Jerusalén, que fuiste construida
como ciudad bien compacta y armoniosa.
Allí suben las tribus,
las tribus del Señor.
Porque allí está el trono de la justicia,
el trono de la casa de David.
Evangelio según San Lucas 16,1-8.
Jesús decía a sus discípulos: "Había un hombre rico que tenía un administrador, al cual acusaron de malgastar sus bienes. Lo llamó y le dijo: '¿Qué es lo que me han contado de ti? Dame cuenta de tu administración, porque ya no ocuparás más ese puesto'.
El administrador pensó entonces: '¿Qué voy a hacer ahora que mi señor me quita el cargo? ¿Cavar? No tengo fuerzas. ¿Pedir limosna? Me da vergüenza. ¡Ya sé lo que voy a hacer para que, al dejar el puesto, haya quienes me reciban en su casa!'.
Llamó uno por uno a los deudores de su señor y preguntó al primero: '¿Cuánto debes a mi señor?'. 'Veinte barriles de aceite', le respondió. El administrador le dijo: 'Toma tu recibo, siéntate en seguida, y anota diez'.
Después preguntó a otro: 'Y tú, ¿cuánto debes?'. 'Cuatrocientos quintales de trigo', le respondió. El administrador le dijo: 'Toma tu recibo y anota trescientos'.
Y el señor alabó a este administrador deshonesto, por haber obrado tan hábilmente. Porque los hijos de este mundo son más astutos en su trato con los demás que los hijos de la luz."
El evangelio de San Lucas 16,1-8 no endulza nada. Un administrador acusado de malgastar los bienes de su señor se ve acorralado. En vez de lamentarse, actúa con una astucia que sorprende: negocia con los deudores, reduce sus cuentas y se asegura un futuro. El señor no lo felicita por su honradez, sino por su habilidad. Jesús saca una conclusión que incomoda: «los hijos de este mundo son más astutos en su trato con los demás que los hijos de la luz». El detalle que llama la atención es que el elogiado es un deshonesto. No se nos pide imitar su falta de ética, sino su inteligencia para preparar el futuro. Él sabe que el puesto se le escapa y no se queda quieto. Nosotros, que decimos esperar a Cristo como Salvador, a veces vivimos como si el futuro no existiera. Nos afanamos por lo que se gasta, por lo que se pierde, por lo que no dura. La primera lectura lo dice con claridad: hay quienes tienen «su dios es el vientre» y solo aprecian «las cosas de la tierra». Pablo, en cambio, recuerda que somos ciudadanos del cielo. La astucia del administrador nos invita a despertar. No se trata de asegurarnos favores con trampas, sino de invertir la vida en lo que permanece: la caridad, la justicia, la reconciliación. Cada gesto de amor prepara una casa eterna. La pregunta no es si somos listos para el mundo, sino si somos listos para el cielo.
Hoy, antes de dormir, revisa tu día y pregúntate: ¿en qué gasté mis energías? Elige una acción concreta que construya algo duradero: una llamada a un familiar que necesita consuelo, un perdón que has estado postergando o un rato de oración sin distracciones. Ofrece ese gesto por las personas que se alejaron de la fe, para que también ellos descubran que su ciudadanía está en el cielo.
Solicita una intención de misa
Jesús cuenta la parábola del administrador deshonesto que, al ser despedido, reduce las deudas de los deudores para ganarse un futuro. El señor lo alaba por su astucia, y Jesús concluye que los hijos de este mundo son más hábiles que los hijos de la luz.
San Pablo pide seguir su ejemplo y no vivir como enemigos de la cruz de Cristo, dominados por los apetitos y las cosas terrenas. Recuerda que somos ciudadanos del cielo y que esperamos a Cristo, que transformará nuestro cuerpo mortal en cuerpo glorioso.
El salmo de hoy no aparece en las lecturas, pero la liturgia de la 31.ª semana del Tiempo Ordinario suele acompañar estos textos con el Salmo 26 o 121. En todo caso, la respuesta de fe es la misma: confiar en el Señor que guía nuestros pasos y nos sostiene.
Puedes orar pidiendo luz para reconocer qué cosas te atan a lo terrenal y te impiden preparar el cielo. Luego, en silencio, ofrece a Dios un propósito concreto de conversión y pídele la astucia de invertir tu tiempo en lo que permanece.
Jesús no alaba su deshonestidad, sino su astucia para asegurarse el futuro cuando todo estaba perdido. Es una lección: si los hijos del mundo son tan hábiles para lo pasajero, nosotros deberíamos serlo mucho más para lo eterno.
El texto bíblico corresponde al Leccionario de la misa del rito romano. Reflexión y comentario: Online Catholic Mass.
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