Día litúrgico: Jueves de la 31.ª semana del Tiempo Ordinario · Santo del día: San Zacarías Isabel
Hoy jueves de la 31.ª semana del Tiempo Ordinario, la liturgia nos presenta a Pablo contando lo que dejó por Cristo y a Jesús buscando lo perdido. También recordamos a San Zacarías e Isabel, los padres de Juan Bautista, que esperaron con fe. Las lecturas nos hablan de dejar atrás lo que no salva y de la alegría de Dios cuando alguien vuelve a casa.
Carta de San Pablo a los Filipenses 3,3-8a.
Porque los verdaderos circuncisos somos nosotros, los que ofrecemos un culto inspirado en el Espíritu de Dios y nos gloriamos en Cristo Jesús, en lugar de poner nuestra confianza en la carne, aunque yo también tengo motivos para poner mi confianza en ella.
Si alguien cree que puede confiar en la carne, yo puedo hacerlo con mayor razón; circuncidado al octavo día; de la raza de Israel y de la tribu de Benjamín; hebreo, hijo de hebreos; en cuanto a la Ley, un fariseo; por el ardor de mi celo, perseguidor de la Iglesia; y en lo que se refiere a la justicia que procede de la Ley, de una conducta irreprochable.
Pero todo lo que hasta ahora consideraba una ganancia, lo tengo por pérdida, a causa de Cristo. Más aún, todo me parece una desventaja comparado con el inapreciable conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por él he sacrificado todas las cosas, a las que considero como desperdicio, con tal de ganar a Cristo.
Salmo 105(104),2-3.4-5.6-7.
Canten al Señor con instrumentos musicales,
pregonen todas sus maravillas!
¡Gloríense en su santo Nombre,
alégrense los que buscan al Señor!
¡Recurran al Señor y a su poder,
busquen constantemente su rostro!
recuerden las maravillas que él obró,
sus portentos y los juicios de su boca!
Descendientes de Abraham, su servidor,
hijos de Jacob, su elegido:
el Señor es nuestro Dios,
en toda la tierra rigen sus decretos.
Evangelio según San Lucas 15,1-10.
Todos los publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo. Los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: "Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos".
Jesús les dijo entonces esta parábola: "Si alguien tiene cien ovejas y pierde una, ¿no deja acaso las noventa y nueve en el campo y va a buscar la que se había perdido, hasta encontrarla?
Y cuando la encuentra, la carga sobre sus hombros, lleno de alegría, y al llegar a su casa llama a sus amigos y vecinos, y les dice: "Alégrense conmigo, porque encontré la oveja que se me había perdido".
Les aseguro que, de la misma manera, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse".
Y les dijo también: "Si una mujer tiene diez dracmas y pierde una, ¿no enciende acaso la lámpara, barre la casa y busca con cuidado hasta encontrarla?
Y cuando la encuentra, llama a sus amigas y vecinas, y les dice: "Alégrense conmigo, porque encontré la dracma que se me había perdido". Les aseguro que, de la misma manera, se alegran los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierte".
El evangelio de San Lucas 15,1-10 muestra a Jesús rodeado de publicanos y pecadores, y a los fariseos murmurando porque come con ellos. Lejos de defenderse, Jesús cuenta dos parábolas: la oveja perdida y la moneda extraviada. En ambas hay una búsqueda insistente y una fiesta al final. El detalle que llama la atención es que el pastor no espera que la oveja vuelva sola: va tras ella, la carga sobre sus hombros y celebra. Lo mismo hace la mujer con la dracma: enciende la lámpara, barre y busca con cuidado. Así es Dios con nosotros. La primera lectura de Filipenses nos muestra a Pablo renunciando a sus títulos y logros para ganar a Cristo. No se trata de despreciar lo bueno, sino de reconocer que nada vale más que conocerlo a él. Jesús dice: «Les aseguro que, de la misma manera, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta». Esa frase revela el corazón de Dios: no es un juez lejano, sino alguien que se alegra cuando volvemos. Para quien lee esto hoy, la invitación es doble: dejarse buscar por Dios sin miedo, y alegrarse con él cuando alguien cercano se acerca de nuevo a la fe.
Hoy, antes de dormir, piensa en una persona que se haya alejado de la fe o de la comunidad. Reza por ella una oración breve, pidiendo que Dios la busque como a la oveja perdida. Luego, examina tu propia vida: ¿qué «ganancia» te impide confiar más en Cristo? Ofrece un pequeño sacrificio o una acción concreta por esa intención.
Solicita una intención de misa
Jesús enseña que Dios no se resigna a perder a nadie. El pastor deja las noventa y nueve y busca a la extraviada hasta encontrarla. Cuando la halla, la carga con alegría y hace fiesta. Así es el corazón de Dios: sale a buscar al que se pierde y celebra su regreso.
Pablo pide no confiar en títulos, linaje ni cumplimientos externos. Él mismo tenía motivos para gloriarse, pero todo lo considera pérdida comparado con conocer a Cristo. Invita a dejar atrás lo que no salva y a poner la confianza solo en Jesús.
El salmo responsorial de este jueves es el Salmo 104, que proclama las maravillas del Señor y llama a dar gracias, invocando su nombre y anunciando sus obras. Acompaña la primera lectura con un tono de gratitud por la salvación que Dios ofrece.
Puedes orar pidiendo a Dios que te busque como ala oveja perdida y te cargue sobre sus hombros. También pide un corazón que no se apoye en méritos propios, sino en Cristo. Termina dando gracias porque el cielo se alegra cuando alguien vuelve a él.
Los fariseos y escribas murmuraban porque Jesús recibía a los publicanos y pecadores y comía con ellos. Para ellos, eso rompía las normas de pureza. Jesús responde con parábolas que muestran que la misericordia de Dios busca precisamente a los que se saben perdidos.
El texto bíblico corresponde al Leccionario de la misa del rito romano. Reflexión y comentario: Online Catholic Mass.
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