Lecturas del 11 de noviembre de 2026

Día litúrgico: Miércoles de la 32.ª semana del Tiempo Ordinario · Santo del día: Santa Vincenta María Poloni

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Hoy es miércoles de la 32.ª semana del Tiempo Ordinario y la liturgia nos pone frente a dos textos que hablan de un mismo movimiento: Dios toma la iniciativa y nosotros respondemos. La carta a Tito recuerda de dónde fuimos sacados; el evangelio de San Lucas 17,11-19 muestra a un hombre que se da cuenta y vuelve.

Primera lectura de hoy

Carta de San Pablo a Tito 3,1-7.

Querido hermano: Recuerda a todos que respeten a los gobernantes y a las autoridades, que les obedezcan y estén siempre dispuestos para cualquier obra buena.

Que no injurien a nadie y sean amantes de la paz, que sean benévolos y demuestren una gran humildad con todos los hombres. Porque también nosotros antes éramos insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de los malos deseos y de toda clase de placeres, y vivíamos en la maldad y la envidia, siendo objeto de odio y odiándonos los unos a los otros.

Pero cuando se manifestó la bondad de Dios, nuestro Salvador, y su amor a los hombres, no por las obras de justicia que habíamos realizado, sino solamente por su misericordia, él nos salvó, haciéndonos renacer por el bautismo y renovándonos por el Espíritu Santo.

Y derramó abundantemente ese Espíritu sobre nosotros por medio de Jesucristo, nuestro Salvador, a fin de que, justificados por su gracia, seamos en esperanza herederos de la Vida eterna.

Salmo responsorial de hoy

Salmo 23(22),1-3a.3b-4.5.6.

El Señor es mi pastor,
nada me puede faltar.
El me hace descansar en verdes praderas,
me conduce a las aguas tranquilas
y repara mis fuerzas.
Me guía por el recto sendero,
Aunque cruce por oscuras quebradas,
no temeré ningún mal,
porque Tú estás conmigo:
tu vara y tu bastón me infunden confianza.
Tú preparas ante mí una mesa,
frente a mis enemigos;
unges con óleo mi cabeza
y mi copa rebosa.
Tu bondad y tu gracia me acompañan
a lo largo de mi vida;
y habitaré en la Casa del Señor,
por muy largo tiempo.

Evangelio de hoy

Evangelio según San Lucas 17,11-19.

Mientras se dirigía a Jerusalén, Jesús pasaba a través de Samaría y Galilea. Al entrar en un poblado, le salieron al encuentro diez leprosos, que se detuvieron a distancia y empezaron a gritarle: "¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!".

Al verlos, Jesús les dijo: "Vayan a presentarse a los sacerdotes". Y en el camino quedaron purificados. Uno de ellos, al comprobar que estaba curado, volvió atrás alabando a Dios en voz alta y se arrojó a los pies de Jesús con el rostro en tierra, dándole gracias. Era un samaritano.

Jesús le dijo entonces: "¿Cómo, no quedaron purificados los diez? Los otros nueve, ¿dónde están? ¿Ninguno volvió a dar gracias a Dios, sino este extranjero?".

Y agregó: "Levántate y vete, tu fe te ha salvado".

Reflexión del evangelio de hoy

Diez leprosos gritan desde lejos. La ley los tenía apartados y ellos respetan esa distancia, pero se atreven a alzar la voz: «¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!». Jesús no hace un gesto espectacular ni los toca. Los manda a presentarse a los sacerdotes, que era el trámite para certificar una curación. Ellos obedecen sin ver nada todavía, y mientras caminan quedan limpios. La curación llega en el trayecto, no en el momento del grito. Eso ya dice algo de cómo trabaja Dios: muchas veces sana mientras seguimos caminando, no mientras esperamos quietos una señal. Lo que llama la atención es la cuenta. Diez reciben el mismo regalo y solo uno regresa. Y el que vuelve es samaritano, extranjero, alguien que en teoría estaba más lejos del templo y de la religión oficial. Lucas lo subraya dos veces. No es un detalle decorativo: la gratitud no depende de tener el currículum religioso en orden. El samaritano vuelve alabando a Dios en voz alta y se tira al suelo. No vuelve a pedir nada, vuelve a dar. Jesús hace dos preguntas que duelen un poco: los otros nueve, ¿dónde están? Y luego le dice al que está en el suelo: «Levántate y vete, tu fe te ha salvado». Los diez quedaron purificados; este además quedó salvado. La diferencia no fue la lepra, fue la vuelta. Agradecer no es un adorno piadoso al final del día; es el gesto que abre la puerta a algo más hondo que la simple curación. Para quien lee esto hoy, la pregunta es sencilla y algo incómoda: ¿cuántas cosas me han sido dadas esta semana sin que yo haya vuelto a decirlas? No se trata de sentir culpa, se trata de notar. La primera lectura insiste en lo mismo desde otro ángulo: fuimos salvados por misericordia, no por méritos. Quien sabe que le regalaron todo, agradece con más facilidad.

Cómo vivir las lecturas de hoy

Antes de dormir hoy, haz una lista corta de tres cosas concretas que recibiste en las últimas horas: una conversación, un alimento, un descanso, alguien que te escuchó. No las pidas de nuevo, solo nómbralas y di gracias en voz baja. Si puedes, hazlo de pie un momento, como el samaritano que se puso de pie para volver. Tres minutos bastan.

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Preguntas frecuentes sobre las lecturas de hoy

¿Qué dice el evangelio de hoy sobre los diez leprosos?

Que los diez fueron curados mientras iban camino a presentarse a los sacerdotes, pero solo uno volvió a dar gracias. Jesús nota la ausencia de los otros nueve y le dice al que regresó que su fe lo ha salvado. La curación fue para todos; la salvación quedó ligada a la vuelta agradecida.

¿Qué pide la primera lectura de hoy a los creyentes?

Pide respeto hacia las autoridades, disposición para hacer el bien, no injuriar a nadie, ser pacíficos, benévolos y humildes. Y recuerda que antes también nosotros vivíamos extraviados, y que fuimos salvados por la misericordia de Dios y no por nuestras obras de justicia.

¿Cómo puedo orar hoy con estas lecturas?

Puedes empezar reconociendo en voz baja de qué te ha sacado Dios, como hace la carta a Tito. Luego nombra tres regalos concretos del día y agradécelos sin pedir nada más. Termina pidiendo poder volver a dar gracias la próxima vez que recibas algo, en lugar de seguir de largo.

¿Por qué importa que el que vuelve sea samaritano?

Porque era extranjero y estaba lejos del culto oficial del templo. Lucas lo señala dos veces para mostrar que la gratitud no depende de tener credenciales religiosas. El que en teoría estaba más lejos fue el único que reconoció el regalo y volvió a alabar a Dios en voz alta.

¿Qué diferencia hay entre quedar purificado y quedar salvado?

Los diez quedaron purificados de la lepra, es decir, recuperaron la salud y pudieron volver a la vida social. Al que regresó agradecido, Jesús le dice además que su fe lo ha salvado. La purificación fue un regalo para todos; la salvación se abrió en quien respondió con gratitud.

El texto bíblico corresponde al Leccionario de la misa del rito romano. Reflexión y comentario: Online Catholic Mass.

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