Día litúrgico: Jueves de la 32.ª semana del Tiempo Ordinario · Santo del día: San Josafat de Polotsk
Hoy es jueves de la trigésima segunda semana del Tiempo Ordinario, y la Iglesia recuerda a San Josafat de Polotsk. La liturgia nos ofrece un fragmento breve de la carta a Filemón, donde Pablo intercede por un esclavo que vuelve a su amo, y el evangelio de San Lucas 17,20-25, en el que Jesús habla del Reino que ya está entre nosotros y del Día del Hijo del hombre.
Carta de San Pablo a Filemón 1,7-20.
Por mi parte, yo he experimentado una gran alegría y me he sentido reconfortado por tu amor, viendo cómo tú, querido hermano aliviabas las necesidades de los santos Por eso, aunque tengo absoluta libertad en Cristo para ordenarte lo que debes hacer, prefiero suplicarte en nombre del amor, Yo, Pablo, ya anciano y ahora prisionero a causa de Cristo Jesús, te suplico en favor de mi hijo Onésimo, al que engendré en la prisión.
Antes, él no te presto ninguna utilidad, pero ahora te será muy útil, como lo es para mí. Te lo envío como si fuera yo mismo. Con gusto lo hubiera retenido a mi lado, para que me sirviera en tu nombre mientras estoy prisionero a causa del Evangelio.
Pero no he querido realizar nada sin tu consentimiento, para que el beneficio que me haces no sea forzado, sino voluntario. Tal vez, él se apartó de ti por un instante, a fin de que lo recuperes para siempre, no ya como un esclavo, sino como algo mucho mejor, como un hermano querido. Si es tan querido para mí, cuánto más lo será para ti, que estás unido a él por lazos humanos y en el Señor.
Por eso, si me consideras un amigo, recíbelo como a mi mismo. Y si él te ha hecho algún daño o te debe algo, anótalo a mi cuenta. Lo pagaré yo, Pablo que firmo esta carta de mi puño y letra. No quiero recordarte que tú también eres mi deudor, y la deuda eres tú mismo.
Sí, hermano, préstame ese servicio por amor al Señor y tranquiliza mi corazón en Cristo.
Salmo 146(145),7.8-9a.9bc-10.
El Señor hace justicia a los oprimidos
y da pan a los hambrientos.
El Señor libera a los cautivos.
Abre los ojos de los ciegos
y endereza a los que están encorvados,
el Señor ama a los justos
El Señor protege a los extranjeros
y sustenta al huérfano y a la viuda;
y entorpece el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente,
reina tu Dios, Sión,
a lo largo de las generaciones.
¡Aleluya!
Evangelio según San Lucas 17,20-25.
Los fariseos le preguntaron cuándo llegará el Reino de Dios. El les respondió: "El Reino de Dios no viene ostensiblemente, y no se podrá decir: 'Está aquí' o 'Está allí'. Porque el Reino de Dios está entre ustedes".
Jesús dijo después a sus discípulos: "Vendrá el tiempo en que ustedes desearán ver uno solo de los días del Hijo del hombre y no lo verán. Les dirán: 'Está aquí' o 'Está allí', pero no corran a buscarlo.
Como el relámpago brilla de un extremo al otro del cielo, así será el Hijo del hombre cuando llegue su Día. Pero antes tendrá que sufrir mucho y será rechazado por esta generación."
Los fariseos preguntan cuándo llega el Reino, como quien espera un acontecimiento con fecha y lugar. Jesús desarma la pregunta: no viene de manera que se pueda señalar con el dedo. Y suelta una frase que desconcierta: «el Reino de Dios está entre ustedes». No está lejos, no está en un calendario, está en medio de la gente que escucha. Esa cercanía tiene un rostro concreto, el de Jesús mismo, aunque todavía no se manifieste con la evidencia de un relámpago que cruza el cielo. A los discípulos les advierte que llegará el día en que querrán ver uno solo de los días del Hijo del hombre, y no lo verán. La nostalgia de lo espectacular puede distraernos: buscar señales aquí o allá, correr detrás de anuncios que prometen certezas. Jesús pide otra cosa: no correr, no dejarse arrastrar por el ruido. El Reino crece en lo escondido, en la fidelidad de cada día. Y añade algo que incomoda: antes de la gloria, el Hijo del hombre tendrá que sufrir y ser rechazado. El camino de Dios pasa por la Cruz, no por el atajo del triunfo. Para quien lee esto hoy, la pregunta cambia de dirección: no se trata de cuándo llegará el Reino, sino de si lo reconozco ya presente en el hermano que tengo al lado, en la comunidad que se reúne, en el servicio callado. La fe no consiste en calcular fechas, sino en vivir atentos a esa presencia que no hace ruido.
Dedica cinco minutos hoy a mirar a las personas que tienes cerca, en casa o en el trabajo, y pregúntate dónde está el Reino en ellas. Luego reza despacio el Padre Nuestro, deteniéndote en «venga a nosotros tu Reino», y pide no buscar señales fuera, sino reconocer a Jesús en lo sencillo de este día.
Solicita una intención de misa
Jesús responde a los fariseos que el Reino no viene ostensiblemente ni se puede decir «está aquí» o «está allí». Afirma que el Reino de Dios está entre ustedes, es decir, ya presente en medio de la gente, aunque no se imponga con evidencia espectacular.
Pablo, ya anciano y prisionero, intercede con delicadeza por Onésimo, a quien llama su hijo. No impone nada, sino que suplica en nombre del amor y pide que el beneficio no sea forzado sino voluntario. Pide recibir a Onésimo como si fuera el mismo Pablo.
El salmo de hoy acompaña la primera lectura y la liturgia de este jueves de la trigésima segunda semana del Tiempo Ordinario. Conviene rezarlo despacio, dejando que sus versos iluminen la súplica de Pablo y la cercanía del Reino que anuncia Jesús.
Puedes empezar agradeciendo la cercanía de Dios en lo cotidiano, sin esperar señales extraordinarias. Luego presenta a alguien que necesita ser acogido, como Onésimo, y pide un corazón que reciba al hermano con la misma delicadeza de Pablo. Cierra pidiendo no correr detrás de anuncios que prometen certezas.
Al hablar del Hijo del hombre, Jesús une la gloria futura al camino de la Cruz. El rechazo y el sufrimiento no son un accidente, sino la forma concreta en que Dios se acerca. Quien quiera reconocerlo en su Día debe aprender antes a reconocerlo en el siervo que sufre.
El texto bíblico corresponde al Leccionario de la misa del rito romano. Reflexión y comentario: Online Catholic Mass.
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