Lecturas del 21 de noviembre de 2026

Día litúrgico: Sábado de la 33.ª semana del Tiempo Ordinario · Santo del día: San Mauro de Cesana

Ayer20 de noviembre Hoy27 de octubre Mañana22 de noviembre

El sábado de la 33.ª semana del Tiempo Ordinario nos pone frente a dos escenas que hablan de muerte y de vida. El Apocalipsis muestra a los dos testigos fieles que son vencidos por la Bestia, y en San Lucas 20,27-40 Jesús responde a los saduceos sobre la resurrección. Hoy la Iglesia recuerda a San Mauro de Cesana.

Primera lectura de hoy

Apocalipsis 11,4-12.

Se me dijo a mí, Juan: «Estos dos testigos son los dos olivos y los dos candelabros que están delante del Señor de la tierra. Si alguien quiere hacerles daño, saldrá un fuego de su boca que consumirá a sus enemigos: así perecerá el que se atreva a dañarlos.

Ellos tienen el poder de cerrar el cielo para impedir que llueva durante los días de su misión profética; y también, tienen poder para cambiar las aguas en sangre y para herir la tierra con toda clase de plagas, todas las veces que quieran.

Y cuando hayan acabado de dar testimonio, la Bestia que surge del Abismo les hará la guerra, los vencerá y los matará. Sus cadáveres yacerán en la plaza de la gran Ciudad -llamada simbólicamente Sodoma y también Egipto- allí mismo donde el Señor fue crucificado.

Estarán expuestos durante tres días y medio, a la vista de gente de todos los pueblos, familias, lenguas y naciones, y no se permitirá enterrarlos. Los habitantes de la tierra se alegrarán y harán fiesta, y se intercambiarán regalos, porque estos dos profetas los habían atormentado».

Pero después de estos tres días y medio, un soplo de vida de Dios entró en ellos y los hizo poner de pie, y un gran temor se apoderó de los espectadores.

Entonces escucharon una voz potente que les decía desde el cielo: "Suban aquí". Y ellos subieron al cielo en la nube, a la vista de sus enemigos.

Salmo responsorial de hoy

Salmo 144(143),1.2.9-10.

Bendito sea el Señor, mi Roca,
el que adiestra mis brazos para el combate
y mis manos para la lucha.
El es mi bienhechor y mi fortaleza,
mi baluarte y mi libertador;
él es el escudo con que me resguardo,
y el que somete los pueblos a mis pies.
Dios mío, yo quiero cantarte un canto nuevo
y tocar para ti con el arpa de diez cuerdas,
porque tú das la victoria a los reyes
y libras a David, tu servidor.

Evangelio de hoy

Evangelio según San Lucas 20,27-40.

Se acercaron a Jesús algunos saduceos, que niegan la resurrección, y le dijeron: "Maestro, Moisés nos ha ordenado: Si alguien está casado y muere sin tener hijos, que su hermano, para darle descendencia, se case con la viuda.

Ahora bien, había siete hermanos. El primero se casó y murió sin tener hijos. El segundo se casó con la viuda, y luego el tercero. Y así murieron los siete sin dejar descendencia.

Finalmente, también murió la mujer. Cuando resuciten los muertos, ¿de quién será esposa, ya que los siete la tuvieron por mujer?". Jesús les respondió: "En este mundo los hombres y las mujeres se casan, pero los que sean juzgados dignos de participar del mundo futuro y de la resurrección, no se casarán.

Ya no pueden morir, porque son semejantes a los ángeles y son hijos de Dios, al ser hijos de la resurrección. Que los muertos van a resucitar, Moisés lo ha dado a entender en el pasaje de la zarza, cuando llama al Señor el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob.

Porque él no es un Dios de muertos, sino de vivientes; todos, en efecto, viven para él". Tomando la palabra, algunos escribas le dijeron: "Maestro, has hablado bien".

Y ya no se atrevían a preguntarle nada.

Reflexión del evangelio de hoy

Los saduceos llegan con un caso rebuscado: siete hermanos y una misma mujer. No buscan aprender, quieren acorralar a Jesús con una lógica terrenal. Él no entra en el juego. Les dice que están pensando la resurrección con categorías de esta vida, como si el cielo fuera una prolongación de nuestras costumbres. La respuesta de Jesús va más al fondo: «Ya no pueden morir, porque son semejantes a los ángeles y son hijos de Dios, al ser hijos de la resurrección». La vida eterna no es repetir lo que ya vivimos, es entrar en una relación nueva con Dios, donde el vínculo que nos define no es el matrimonio ni la descendencia, sino la filiación divina. Ese detalle llama la atención: Jesús no se limita a afirmar que hay resurrección, revela qué clase de vida es. Y lo ancla en algo muy concreto, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de los vivos. Los muertos que amamos no están fuera del alcance de Dios. Para quien lee esto hoy, la pregunta no es cómo será el más allá, sino si vivo como hijo de la resurrección. La primera lectura acompaña esta idea: los testigos son vencidos, pero no abandonados. La muerte no tiene la última palabra sobre quien pertenece a Dios.

Cómo vivir las lecturas de hoy

Hoy, antes de dormir, nombra en voz baja a una persona querida que ya murió. No le pidas señales ni respuestas. Dile al Padre: «Tú eres el Dios de los vivos». Deja unos segundos de silencio y confía esa persona a esa presencia que no se rompe con la muerte. Repite esa frase corta durante el día cuando aparezca el miedo a perder a alguien.

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Preguntas frecuentes sobre las lecturas de hoy

¿Qué pregunta le hacen los saduceos a Jesús en el evangelio de hoy?

Le plantean el caso de una mujer que enviudó siete veces y le preguntan de quién será esposa en la resurrección. Con ese ejemplo buscan ridiculizar la fe en la vida eterna, porque ellos mismos negaban que los muertos resucitaran.

¿Qué enseña Jesús sobre el matrimonio después de la resurrección?

Jesús responde que los resucitados no se casan, porque ya no pueden morir y son semejantes a los ángeles. No desprecia el matrimonio terrenal: indica que la vida futura tiene una plenitud distinta, donde el vínculo principal es ser hijos de Dios.

¿Qué significa que Dios sea el Dios de Abraham, Isaac y Jacob?

Jesús usa ese título para mostrar que Dios no es un Dios de muertos sino de vivientes. Si se llama Dios de esos patriarcas, es porque ellos siguen vivos para él. La muerte no rompe la relación con el Señor.

¿Qué pide la primera lectura del Apocalipsis a quien la escucha?

Presenta a los dos testigos que dan testimonio con valentía aunque la Bestia los venza. Pide fidelidad hasta el final y confianza en que Dios no abandona a los suyos, incluso cuando parecen derrotados ante el poder del mal.

¿Cómo puedo orar hoy con estas lecturas?

Puedes tomar la frase «no es un Dios de muertos, sino de vivientes» y repetirla despacio. Luego nombra a tus difuntos y entrégaselos a Dios. Termina pidiendo vivir como hijo de la resurrección en las tareas concretas de este sábado.

El texto bíblico corresponde al Leccionario de la misa del rito romano. Reflexión y comentario: Online Catholic Mass.

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