Día litúrgico: Lunes de la 34.ª semana del Tiempo Ordinario · Santo del día: Beato Miguel Agustín Pro
Hoy es lunes de la trigésima cuarta semana del Tiempo Ordinario, y la Iglesia celebra al Beato Miguel Agustín Pro. Las lecturas nos ponen frente a dos escenas de entrega: los elegidos que siguen al Cordero y una viuda pobre que da todo lo que tiene para vivir.
Apocalipsis 14,1-3.4b-5.
Yo, Juan, vi al Cordero que estaba de pie sobre el monte Sión, acompañado de ciento cuarenta y cuatro mil elegidos, que tenían escrito en la frente el nombre del Cordero y de su Padre.
Oí entonces una voz que venía del cielo, semejante al estrépito de un torrente y al ruido de un fuerte trueno, y esa voz era como un concierto de arpas: los elegidos cantaban un canto nuevo delante del trono de Dios, y delante de los cuatro Seres Vivientes y de los Ancianos. Y nadie podía aprender este himno, sino los ciento cuarenta y cuatro mil que habían sido rescatados de la tierra.
Ellos siguen al Cordero donde quiera que vaya. Han sido los primeros hombres rescatados para Dios y para el Cordero. En su boca nunca hubo mentira y son inmaculados.
Salmo 24(23),1-2.3-4ab.5-6.
Del Señor es la tierra y todo lo que hay en ella,
el mundo y todos sus habitantes,
porque El la fundó sobre los mares,
Él la afirmó sobre las corrientes del océano.
¿Quién podrá subir a la Montaña del Señor
y permanecer en su recinto sagrado?
El que tiene las manos limpias
y puro el corazón;
él recibirá la bendición del Señor,
la recompensa de Dios, su Salvador.
Así son los que buscan al Señor,
los que buscan tu rostro, Dios de Jacob.
Evangelio según San Lucas 21,1-4.
Levantando los ojos, Jesús vio a unos ricos que ponían sus ofrendas en el tesoro del Templo. Vio también a una viuda de condición muy humilde, que ponía dos pequeñas monedas de cobre, y dijo: "Les aseguro que esta pobre viuda ha dado más que nadie.
Porque todos los demás dieron como ofrenda algo de lo que les sobraba, pero ella, de su indigencia, dio todo lo que tenía para vivir."
Jesús está en el Templo, junto al arca de las ofrendas, y observa cómo la gente deposita su dinero. No lo mueve el monto, sino el corazón. Los ricos echan de lo que les sobra; la viuda, en cambio, pone dos monedas pequeñas, y el Señor se detiene en ella. Su gesto no hace ruido, nadie lo aplaude, pero Jesús lo convierte en enseñanza para los suyos: «esta pobre viuda ha dado más que nadie». La medida de Dios no es la cantidad, sino la confianza con que uno se entrega. La viuda no calcula el riesgo ni reserva una parte; entrega su presente y su futuro en esas dos monedas. Eso incomoda, porque normalmente damos lo que no nos cuesta, lo que sobra después de asegurar lo nuestro. La primera lectura completa el panorama: los ciento cuarenta y cuatro mil elegidos siguen al Cordero donde quiera que vaya. Seguir así supone soltar el control, caminar sin la garantía de tener todo resuelto. La viuda del evangelio es una imagen pequeña y concreta de ese seguimiento: no sabe qué comerá mañana, pero sabe a quién se confía. Para quien lee hoy, la pregunta no es cuánto da, sino cuánto de sí mismo reserva. Quizá el Señor no pide grandes gestos, sino que le entreguemos lo poco que tenemos y que nos sostiene, sin quedarnos con una red de seguridad escondida.
Hoy elige algo pequeño que te cueste dar: tiempo, atención, una limosna real o una tarea que evitas. Ofrécelo en silencio, sin contarlo a nadie, y antes de hacerlo di una vez: «Todo lo que tengo es tuyo, Señor». Al terminar el día, revisa qué te costó más soltar y agradécelo.
Solicita una intención de misa
San Lucas 21,1-4 narra que Jesús vio a una viuda humilde poner dos monedas de cobre en el tesoro del Templo y dijo que había dado más que todos, porque dio de su indigencia todo lo que tenía para vivir.
Muestra a los elegidos que siguen al Cordero donde quiera que vaya, con su nombre escrito en la frente y sin mentira en la boca. Pide fidelidad al Cordero y una vida limpia, coherente con la fe que se profesa.
El salmo de hoy proclama la fidelidad y la justicia del Señor, que sostiene a los que en él confían. Se reza como respuesta a la Palabra y ayuda a repetir con la comunidad que Dios no abandona a los pequeños.
Siéntate en silencio, imagina a Jesús mirando el arca de las ofrendas y déjate mirar por él. Pregúntale qué parte de tu vida reservas todavía y responde con una frase sencilla. Cierra rezando por quienes hoy dan de lo que necesitan.
Que Jesús mide la ofrenda por la entrega y no por la cantidad. La viuda no da de lo que le sobra, sino de su indigencia, y eso la convierte en maestra de confianza para todos los que escuchan al Señor.
El texto bíblico corresponde al Leccionario de la misa del rito romano. Reflexión y comentario: Online Catholic Mass.
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