Lecturas del 27 de noviembre de 2026

Día litúrgico: Viernes de la 34.ª semana del Tiempo Ordinario · Santo del día: Ntra Sra de la Medalla Milagrosa

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Hoy es viernes de la última semana del Tiempo Ordinario, y la liturgia nos acerca al final del año con textos que hablan de juicio y de esperanza. La primera lectura, del Apocalipsis, muestra el desenlace del mal y la ciudad nueva; el evangelio, con la imagen de la higuera, nos enseña a leer los signos del Reino que se acerca.

Primera lectura de hoy

Apocalipsis 20,1-4.11-15.21,1-2.

Yo, Juan, vi que un Angel descendía del cielo, llevando en su mano la llave del Abismo y una enorme cadena. El capturó al Dragón, la antigua Serpiente -que es el Diablo o Satanás- y lo encadenó por mil años.

Después lo arrojó al Abismo, lo cerró con llave y lo selló, para que el Dragón no pudiera seducir a los pueblos paganos hasta que se cumplieran los mil años. Transcurridos esos mil años, será soltado por un breve tiempo.

Entonces vi unos tronos, y los que se sentaron en ellos recibieron autoridad para juzgar. También vi las almas de los que habían sido decapitados a causa del testimonio de Jesús y de la Palabra de Dios, y a todos los que no habían adorado a la Bestia ni a su imagen, ni habían recibido su marca en la frente o en la mano. Ellos revivieron y reinaron con Cristo durante mil años.

Después vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él. Ante su presencia, el cielo y la tierra desaparecieron sin dejar rastros. Y vi a los que habían muerto, grandes y pequeños, de pie delante del trono. Fueron abiertos los libros, y también fue abierto el Libro de la Vida; y los que habían muerto fueron juzgados de acuerdo con el contenido de los libros; cada uno según sus obras.

El mar devolvió a los muertos que guardaba: la Muerte y el Abismo hicieron lo mismo, y cada uno fue juzgado según sus obras. Entonces la Muerte y el Abismo fueron arrojados al estanque de fuego, que es la segunda muerte.

Y los que no estaban inscritos en el Libro de la Vida fueron arrojados al estanque de fuego. Después vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra desaparecieron, y el mar ya no existe más.

Vi la Ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo y venía de Dios, embellecida como una novia preparada para recibir a su esposo.

Salmo responsorial de hoy

Salmo 84(83),3.4.5-6a.8a.

Mi alma se consume de deseos
por los atrios del Señor;
mi corazón y mi carne claman ansiosos
por el Dios viviente.
Hasta el gorrión encontró una casa,
y la golondrina tiene un nido
donde poner sus pichones,
junto a tus altares, Señor del universo,
mi Rey y mi Dios.
¡Felices los que habitan en tu Casa
y te alaban sin cesar!
¡Felices los que encuentran su fuerza en ti!
Ellos avanzan con vigor siempre creciente.

Evangelio de hoy

Evangelio según San Lucas 21,29-33.

Jesús hizo a sus discípulos esta comparación: "Miren lo que sucede con la higuera o con cualquier otro árbol. Cuando comienza a echar brotes, ustedes se dan cuenta de que se acerca el verano.

Así también, cuando vean que suceden todas estas cosas, sepan que el Reino de Dios está cerca. Les aseguro que no pasará esta generación hasta que se cumpla todo esto.

El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán."

Reflexión del evangelio de hoy

Jesús toma algo tan común como una higuera y lo convierte en una lección de espera atenta. No habla de catástrofes para asustar, sino para enseñar a reconocer: «cuando comienza a echar brotes, ustedes se dan cuenta de que se acerca el verano». El discípulo no vive distraído ni tampoco angustiado; aprende a mirar lo que brota y a interpretarlo. La higuera no produce el verano, solo lo anuncia. Así el Reino: no lo fabricamos nosotros, pero sus señales están a la vista para quien tiene ojos despiertos. Llama la atención la firmeza de la frase final: «El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán». Todo lo que parece sólido se tambalea, pero la palabra de Jesús sostiene. Eso cambia la forma de vivir el día: lo que hacemos no se pierde si está sostenido por esa palabra; lo que construimos sin ella no dura. La primera lectura lo confirma con imágenes duras: el dragón encadenado, el trono blanco, los libros abiertos. El mal tiene su tiempo, pero no la última palabra. Al final aparece la ciudad nueva, la morada de Dios con los hombres. Para quien lee esto un viernes cualquiera, la invitación es doble: no dormirse y no tener miedo. Mirar los brotes de bien que Dios hace crecer cerca de ti, en tu familia, en tu trabajo, en tu comunidad, y sostener la esperanza aunque el invierno parezca largo. La palabra de Cristo no caduca; por eso podemos apoyarnos en ella hoy, con los pies en la tierra y el corazón en la promesa.

Cómo vivir las lecturas de hoy

Hoy, antes de dormir, revisa tu día y busca un brote concreto: una reconciliación, un gesto de ayuda, una paciencia sostenida. Nómbralo en voz baja y agradécelo a Dios. Luego repite despacio la frase de Jesús: «mis palabras no pasarán». Deja que esa certeza te acompañe en el descanso.

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Preguntas frecuentes sobre las lecturas de hoy

¿Qué enseña Jesús con la imagen de la higuera en el evangelio de hoy?

Jesús usa la higuera para enseñar a leer los signos del Reino. Cuando el árbol echa brotes, se sabe que llega el verano; así, cuando ocurren las señales que él anuncia, el discípulo sabe que el Reino está cerca. No es un aviso para tener miedo, sino para vivir despiertos y con esperanza.

¿Qué muestra la primera lectura del Apocalipsis sobre el mal?

Muestra que el mal tiene límites: el ángel encadena al dragón y lo encierra. Aunque después se le suelte por un tiempo breve, su poder no es definitivo. Al final aparece el trono de Dios y la ciudad nueva. La lectura sostiene la esperanza de que el mal no gobierna la historia para siempre.

¿Hay salmo responsorial hoy y cómo se puede orar con él?

La liturgia de hoy incluye salmo responsorial, que acompaña la primera lectura y ayuda a responder a la Palabra con alabanza. Ora con él despacio, tomando la frase que más te toque y repitiéndola en silencio. Deja que esa frase se convierta en tu oración durante el día.

¿Cómo orar con estas lecturas en un viernes común?

Empieza reconociendo lo que hoy te inquieta y ponlo ante Dios. Pide ojos para ver los brotes de bien que él hace crecer cerca de ti y valentía para no desanimarte. Termina repitiendo la frase de Jesús sobre sus palabras que no pasan, y descansa en esa promesa.

¿Qué detalle del evangelio de hoy invita a la confianza?

La afirmación de que las palabras de Jesús no pasan, aunque el cielo y la tierra pasen. Ese contraste entre lo que se desmorona y lo que permanece da confianza. No se apoya en nuestras fuerzas ni en las circunstancias, sino en la palabra firme del Señor, que sostiene la esperanza.

El texto bíblico corresponde al Leccionario de la misa del rito romano. Reflexión y comentario: Online Catholic Mass.

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