Lecturas del 2 de diciembre de 2026

Día litúrgico: Miércoles de la 1.ª semana de Adviento · Santo del día: San Habacuc (A.T.)

Lecturas Evangelio

Lecturas de diciembre de 2026

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Todos los días de diciembre

Hoy es miércoles de la primera semana de Adviento, y la liturgia nos pone delante dos mesas: la de Isaías, donde Dios promete un banquete para todos los pueblos, y la del evangelio, donde Jesús alimenta a una multitud en la montaña. Adviento se entiende mejor cuando lo miramos así, como un tiempo de espera que ya empieza a saborear lo prometido.

Primera lectura de hoy

Libro de Isaías 25,6-10a.

En aquel día: El Señor de los ejércitos ofrecerá a todos los pueblos sobre esta montaña un banquete de manjares suculentos, un banquete de vinos añejados, de manjares suculentos, medulosos, de vinos añejados, decantados.

El arrancará sobre esta montaña el velo que cubre a todos los pueblos, el paño tendido sobre todas las naciones. Destruirá la Muerte para siempre; el Señor enjugará las lágrimas de todos los rostros, y borrará sobre toda la tierra el oprobio de su pueblo, porque lo ha dicho él, el Señor.

Y se dirá en aquel día: "Ahí está nuestro Dios, de quien esperábamos la salvación: es el Señor, en quien nosotros esperábamos; ¡alegrémonos y regocijémonos de su salvación!".

Porque la mano del Señor se posará sobre esta montaña.

Salmo responsorial de hoy

Salmo 23(22),1-3a.3b-4.5.6.

El Señor es mi pastor,
nada me puede faltar.
El me hace descansar en verdes praderas,
me conduce a las aguas tranquilas
y repara mis fuerzas.
Me guía por el recto sendero,
Aunque cruce por oscuras quebradas,
no temeré ningún mal,
porque Tú estás conmigo:
tu vara y tu bastón me infunden confianza.
Tú preparas ante mí una mesa,
frente a mis enemigos;
unges con óleo mi cabeza
y mi copa rebosa.
Tu bondad y tu gracia me acompañan
a lo largo de mi vida;
y habitaré en la Casa del Señor,
por muy largo tiempo.

Evangelio de hoy

Evangelio según San Mateo 15,29-37.

Jesús llegó a orillas del mar de Galilea y, subiendo a la montaña, se sentó. Una gran multitud acudió a él, llevando paralíticos, lisiados, ciegos, mudos y muchos otros enfermos. Los pusieron a sus pies y él los curó.

La multitud se admiraba al ver que los mudos hablaban, los inválidos quedaban curados, los paralíticos caminaban y los ciegos recobraban la vista. Y todos glorificaban al Dios de Israel.

Entonces Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: "Me da pena esta multitud, porque hace tres días que están conmigo y no tienen qué comer. No quiero despedirlos en ayunas, porque podrían desfallecer en el camino".

Los discípulos le dijeron: "¿Y dónde podríamos conseguir en este lugar despoblado bastante cantidad de pan para saciar a tanta gente?". Jesús les dijo: "¿Cuántos panes tienen?". Ellos respondieron: "Siete y unos pocos pescados".

El ordenó a la multitud que se sentara en el suelo; después, tomó los panes y los pescados, dio gracias, los partió y los dio a los discípulos. Y ellos los distribuyeron entre la multitud.

Todos comieron hasta saciarse, y con los pedazos que sobraron se llenaron siete canastas.

Reflexión del evangelio de hoy

El evangelio de hoy tiene un ritmo que vale la pena seguir despacio. La gente sube a la montaña cargando enfermos, y Jesús no solo los cura: se queda con ellos tres días. Ahí aparece el detalle que más pesa: «Me da pena esta multitud, porque hace tres días que están conmigo y no tienen qué comer». No es una compasión de discurso, es la mirada de alguien que ve el cansancio concreto de la gente que tiene enfrente. Los discípulos responden con la lógica del lugar despoblado: no hay dónde comprar. Jesús no discute esa lógica, solo pregunta qué hay: «¿Cuántos panes tienen?». Siete panes y unos pocos pescados. La escasez real entra en sus manos, y pasa por la gratitud: dio gracias, partió y dio. La abundancia no nace de tener más, nace de poner lo poco en sus manos y dejar que se reparta. Para quien lee esto en Adviento, la escena ilumina la espera. Esperar no es quedarse quieto mirando el cielo: es subir con otros, quedarse con Jesús aunque el día se alargue, y confiar que lo que tenemos alcanza cuando pasa por sus manos. El banquete de Isaías y estos panes compartidos dicen lo mismo: Dios no improvisa, prepara una mesa para todos. Y nosotros, como los discípulos, somos los que reparten.

Cómo vivir las lecturas de hoy

Hoy, antes de comer o de cenar, haz una pausa breve. Mira lo que tienes en la mesa y da gracias en voz alta, aunque sea en silencio delante de otros. Luego piensa en una persona que estos días está cansada y necesita algo concreto: una llamada, un plato de comida, compañía. Ofrécele eso pequeño, sin esperar a tener de sobra. Une ese gesto a tu oración de Adviento, pidiendo que Jesús multiplique lo poco que pones.

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Preguntas frecuentes sobre las lecturas de hoy

¿Qué dice el evangelio de hoy sobre la compasión de Jesús?

Jesús ve a la multitud que lleva tres días con él y no tiene qué comer. No espera a que se lo pidan: toma la iniciativa y lo dice a sus discípulos. Su compasión no es un sentimiento vago, se traduce en preocupación por el hambre concreta de la gente y en una solución que pasa por repartir pan.

¿Qué promete la primera lectura de Isaías para el día de hoy?

Isaías anuncia que el Señor preparará sobre la montaña un banquete para todos los pueblos, con manjares y vinos añejados. También promete quitar el velo que cubre a las naciones, destruir la Muerte y enjugar las lágrimas de todos los rostros. Es una promesa de alegría universal.

¿Cuál es el salmo responsorial de hoy?

El salmo de este miércoles de la primera semana de Adviento es el Salmo 22, que presenta al Señor como pastor que pastorea y prepara una mesa. Retoma la imagen del banquete de Isaías y responde a la promesa con confianza: habitar en la casa del Señor por años sin término.

¿Cómo puedo orar con estas lecturas de Adviento?

Puedes orar sentándote con el evangelio y preguntándole a Jesús qué multitud tiene delante de ti estos días: quién está cansado, quién necesita pan. Luego revisa lo que tienes, aunque sea poco, y preséntalo con gratitud. Cierra pidiendo un corazón atento como el suyo, que no despide a nadie con hambre.

¿Por qué Jesús pregunta cuántos panes tienen antes de multiplicarlos?

Porque hace entrar lo real en su milagro. No inventa de la nada: parte de siete panes y unos pocos pescados, lo que los discípulos tienen a mano. Así les enseña que la generosidad empieza por reconocer lo que ya poseen y ponerlo en sus manos, confiando en que él lo multiplica.

El texto bíblico corresponde al Leccionario de la misa del rito romano. Reflexión y comentario: Online Catholic Mass.

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