Día litúrgico: 28.º domingo del Tiempo Ordinario · Santo del día: San Juan XXIII
Jesús cuenta la historia de un rey que prepara la boda de su hijo y ve cómo los invitados le dan la espalda. Conviene detenerse en ella porque habla de una invitación que sigue abierta y de la respuesta que cada uno da.
Evangelio según San Mateo 22,1-14.
Jesús habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo: El Reino de los Cielos se parece a un rey que celebraba las bodas de su hijo.
Envió entonces a sus servidores para avisar a los invitados, pero estos se negaron a ir. De nuevo envió a otros servidores con el encargo de decir a los invitados: 'Mi banquete está preparado; ya han sido matados mis terneros y mis mejores animales, y todo está a punto: Vengan a las bodas'.
Pero ellos no tuvieron en cuenta la invitación, y se fueron, uno a su campo, otro a su negocio; y los demás se apoderaron de los servidores, los maltrataron y los mataron.
Al enterarse, el rey se indignó y envió a sus tropas para que acabaran con aquellos homicidas e incendiaran su ciudad. Luego dijo a sus servidores: 'El banquete nupcial está preparado, pero los invitados no eran dignos de él.
Salgan a los cruces de los caminos e inviten a todos los que encuentren'. Los servidores salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, buenos y malos, y la sala nupcial se llenó de convidados.
Cuando el rey entró para ver a los comensales, encontró a un hombre que no tenía el traje de fiesta. 'Amigo, le dijo, ¿cómo has entrado aquí sin el traje de fiesta?'. El otro permaneció en silencio.
Entonces el rey dijo a los guardias: 'Atenlo de pies y manos, y arrójenlo afuera, a las tinieblas. Allí habrá llanto y rechinar de dientes'. Porque muchos son llamados, pero pocos son elegidos.
Dios invita a la fiesta de su Hijo y espera una respuesta que cambie la vida.
La escena es sencilla y dura a la vez. Un rey manda a sus servidores a avisar a los invitados, y ellos se niegan. Uno se va a su campo, otro a su negocio, y algunos llegan a maltratar y matar a quienes les llevan el aviso. El rey no se queda de brazos cruzados: manda a sus tropas y luego ordena salir a los cruces de los caminos a buscar a todos, buenos y malos, hasta llenar la sala. Jesús habla así a los sumos sacerdotes y a los ancianos, y les está mostrando que la invitación de Dios no depende de méritos ni de apellidos, sino de aceptarla. Hay un detalle que incomoda: entre los convidados aparece uno sin traje de fiesta. El rey lo llama «Amigo», y el hombre se queda callado. No basta con entrar por la puerta; la fiesta pide ponerse el traje, es decir, dejar que la invitación cambie la manera de vivir. La frase final lo resume: «muchos son llamados, pero pocos son elegidos». Para quien lee esto hoy, la advertencia es clara. Dios sigue enviando servidores, y cada día trae una invitación concreta: una persona, una tarea, un perdón pendiente. La pregunta no es si soy digno, porque nadie lo es por sí mismo. La pregunta es si acepto la invitación y me dejo vestir para la fiesta, o si me quedo en mis ocupaciones y mi silencio.
Señor, gracias por invitarme a la fiesta de tu Hijo aunque no lo merezca. Quita de mí la excusa fácil y el silencio cómodo. Dame un corazón dispuesto a dejar mis ocupaciones para responder a tu llamada, y ayúdame a vestir cada día la ropa de la fiesta, que es vivir como tú quieres. Amén.
La Iglesia no reparte los pasajes al azar. Cada fecha del calendario litúrgico tiene su propia combinación de lecturas, y el evangelio que aparece en esta página es el que corresponde al día litúrgico que figura arriba. Por eso cambia de una fecha a otra, y por eso dos días seguidos pueden hablar de cosas muy distintas. Si lees este evangelio junto con la primera lectura y el salmo responsorial de la misma fecha, verás que los tres textos se iluminan entre sí: es la misma idea dicha primero por un profeta, después por un salmo y al final por Cristo.
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El evangelio de hoy, con la frase para recordarlo y la oración breve, está en la página del evangelio de hoy. Si buscas también la primera lectura y el salmo responsorial de esta misma fecha, entra en las lecturas del 11 de octubre de 2026. Y el comentario largo del pasaje, en la página del evangelio del día.
Un rey prepara la boda de su hijo y envía servidores a llamar a los invitados. Muchos se niegan o maltratan a los mensajeros. El rey entonces manda invitar a todos los que encuentren por los caminos, buenos y malos, y la sala se llena. Al final, uno entra sin traje de fiesta y es expulsado.
Jesús se dirige a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, es decir, a quienes tenían autoridad religiosa y creían tener asegurado el lugar en la fiesta. La parábola les advierte que la invitación de Dios no está garantizada por el cargo ni por la pertenencia, sino por la respuesta personal.
Significa que la llamada de Dios es amplia y llega a muchos, pero no todos responden con una vida coherente. Ser elegido no es un privilegio reservado, sino el fruto de aceptar la invitación y dejarse cambiar por ella. La frase cierra la parábola como una advertencia seria y a la vez como una invitación a responder.
Puedes revisar qué excusas pones cuando Dios te llama a través de una persona o una situación concreta. También puedes preguntarte si tu manera de vivir corresponde a la invitación que has recibido. Un paso sencillo es aceptar hoy una tarea de servicio que hayas estado evitando.
Porque entrar en la fiesta sin el traje significa aceptar la invitación sin cambiar nada. El traje representa una vida dispuesta, coherente con la llamada recibida. El hombre no responde nada cuando el rey le pregunta, y ese silencio muestra que no tenía excusa. La fiesta pide preparación y respuesta.
Otras fechas con el evangelio que se proclama en cada una y su meditación.
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El texto bíblico corresponde al Leccionario de la misa del rito romano. Meditación y oración: Online Catholic Mass.
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