Día litúrgico: Sábado de la 32.ª semana del Tiempo Ordinario · Santo del día: San Esteban de Cuneo
Jesús cuenta la historia de una viuda que insiste ante un juez sin escrúpulos hasta conseguir justicia. Conviene detenerse en ella porque toca algo que a todos nos pasa: cansarnos de pedir y de esperar.
Evangelio según San Lucas 18,1-8.
Jesús enseñó con una parábola que era necesario orar siempre sin desanimarse: "En una ciudad había un juez que no temía a Dios ni le importaban los hombres; y en la misma ciudad vivía una viuda que recurría a él, diciéndole: 'Te ruego que me hagas justicia contra mi adversario'.
Durante mucho tiempo el juez se negó, pero después dijo: 'Yo no temo a Dios ni me importan los hombres, pero como esta viuda me molesta, le haré justicia para que no venga continuamente a fastidiarme'".
Y el Señor dijo: "Oigan lo que dijo este juez injusto. Y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que claman a él día y noche, aunque los haga esperar?
Les aseguro que en un abrir y cerrar de ojos les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?".
Orar siempre sin desanimarse, porque Dios escucha a quienes claman día y noche.
La escena es sencilla y algo incómoda. Un juez que no respeta a Dios ni a la gente recibe cada día a la misma viuda, que le pide justicia contra su adversario. Ella no tiene dinero ni poder, solo insistencia. Durante mucho tiempo el juez la ignora, hasta que se cansa de oírla y decide atenderla para quitársela de encima. Jesús no disimula la figura del juez: lo llama injusto. Y precisamente por eso sirve de contraste. El razonamiento de Jesús va de lo menor a lo mayor. Si un hombre sin escrúpulos termina haciendo justicia por pura molestia, ¿qué no hará Dios con sus elegidos, que le gritan día y noche? La pregunta queda abierta y la respuesta es afirmativa: «Les aseguro que en un abrir y cerrar de ojos les hará justicia». Pero Jesús añade una condición que sorprende: la espera forma parte del trato. Dios no llega tarde; llega cuando conviene, y mientras tanto lo que se pone a prueba es la fe. Para quien lee esto un sábado cualquiera, la parábola no pide discursos largos ni fórmulas perfectas. Pide constancia. La viuda vuelve una y otra vez con la misma súplica, sin vergüenza y sin cálculo. Así se reza cuando la vida pesa: insistiendo, aunque parezca que nadie contesta. Y la pregunta final de Jesús, «¿encontrará fe sobre la tierra?», Nos mira directamente: no si habrá rezos, sino si habrá confianza de verdad en quien reza.
Señor, enséñame a insistir sin cansarme, como esa viuda que volvía cada día a pedir justicia. Cuando el silencio se alargue, sostén mi confianza y no dejes que la queja apague mi fe. Quiero seguir llamando a tu puerta con sencillez, sabiendo que tú escuchas de verdad y que tu tiempo no es el mío. Amén.
La Iglesia no reparte los pasajes al azar. Cada fecha del calendario litúrgico tiene su propia combinación de lecturas, y el evangelio que aparece en esta página es el que corresponde al día litúrgico que figura arriba. Por eso cambia de una fecha a otra, y por eso dos días seguidos pueden hablar de cosas muy distintas. Si lees este evangelio junto con la primera lectura y el salmo responsorial de la misma fecha, verás que los tres textos se iluminan entre sí: es la misma idea dicha primero por un profeta, después por un salmo y al final por Cristo.
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El evangelio de hoy, con la frase para recordarlo y la oración breve, está en la página del evangelio de hoy. Si buscas también la primera lectura y el salmo responsorial de esta misma fecha, entra en las lecturas del 14 de noviembre de 2026. Y el comentario largo del pasaje, en la página del evangelio del día.
Jesús cuenta la parábola de una viuda que insiste ante un juez injusto hasta conseguir justicia. Con esa imagen enseña que hay que orar siempre sin desanimarse y que Dios atiende a quienes le claman, aunque parezca que tarda.
A sus discípulos, y en ellos a toda persona que reza. El texto lo dice al inicio: la contó para mostrar que era necesario orar siempre sin desanimarse. No se dirige a especialistas en oración, sino a gente común que puede desalentarse cuando no ve resultados.
Jesús cierra la parábola preguntando si, cuando venga el Hijo del hombre, encontrará fe sobre la tierra. No duda de Dios, sino de nosotros: deja claro que la espera puede enfriar la confianza. El problema no es la lentitud divina, sino la constancia humana.
Retomar una oración que hayas dejado por cansancio, aunque sea breve, y repetirla con confianza. También revisar si tratas a otros con justicia cuando alguien insiste en pedirte algo. La parábola invita a insistir ante Dios y a no hacerse el sordo con quien suplica.
El texto dice que Dios hace justicia a sus elegidos aunque los haga esperar. La espera no significa abandono. Jesús usa el contraste del juez injusto para asegurar que Dios no se parece a él: si aquel cedió por molestia, Dios responderá por amor.
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El texto bíblico corresponde al Leccionario de la misa del rito romano. Meditación y oración: Online Catholic Mass.
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