Día litúrgico: Sábado de la 32.ª semana del Tiempo Ordinario · Santo del día: San Esteban de Cuneo
El sábado de la 32.ª semana del Tiempo Ordinario nos deja dos textos que se miran entre sí: la carta a Gayo, que alaba a quien sostiene a los misioneros, y la parábola de la viuda que insiste ante el juez. Hoy la Iglesia recuerda a San Esteban de Cuneo. Las lecturas hablan de una fe que se sostiene en la oración constante y en el servicio concreto a los hermanos.
Epístola III de San Juan 1,5-8.
Querido hermano, tú obras fielmente, al ponerte al servicio de tus hermanos, incluso de los que están de paso, y ellos dieron testimonio de tu amor delante de la Iglesia. Harás bien en ayudarlos para que puedan proseguir su viaje de una manera digna de Dios.
porque ellos se pusieron en camino para servir a Cristo, sin aceptar nada de los paganos, Por eso debemos acogerlos, a fin de colaborar con ellos en favor de la verdad.
Salmo 112(111),1-2.3-4.5-6.
Feliz el hombre que teme al Señor
y se complace en sus mandamientos.
Su descendencia será fuerte en la tierra:
la posteridad de los justos es bendecida.
En su casa habrá abundancia y riqueza,
su generosidad permanecerá para siempre.
Para los buenos brilla una luz en las tinieblas:
es el Bondadoso, el Compasivo y el Justo.
Dichoso el que se compadece y da prestado,
y administra sus negocios con rectitud.
El justo no vacilará jamás,
su recuerdo permanecerá para siempre.
Evangelio según San Lucas 18,1-8.
Jesús enseñó con una parábola que era necesario orar siempre sin desanimarse: "En una ciudad había un juez que no temía a Dios ni le importaban los hombres; y en la misma ciudad vivía una viuda que recurría a él, diciéndole: 'Te ruego que me hagas justicia contra mi adversario'.
Durante mucho tiempo el juez se negó, pero después dijo: 'Yo no temo a Dios ni me importan los hombres, pero como esta viuda me molesta, le haré justicia para que no venga continuamente a fastidiarme'".
Y el Señor dijo: "Oigan lo que dijo este juez injusto. Y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que claman a él día y noche, aunque los haga esperar?
Les aseguro que en un abrir y cerrar de ojos les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?".
Jesús cuenta una escena sencilla: una viuda vuelve una y otra vez al mismo juez, sin más arma que su insistencia. El juez no es bueno; Lucas lo pinta como alguien que «no temía a Dios ni le importaban los hombres». Y aun así termina cediendo, no por justicia sino por cansancio. Ahí está el detalle que desconcierta: Jesús no compara a Dios con ese juez, lo contrasta. Si un hombre sin escrúpulos atiende a quien insiste, cuánto más el Padre atenderá a los que claman a él día y noche. La parábola no enseña que la oración sea un trámite repetido hasta doblegar a Dios. Enseña que la oración sostiene la fe cuando la respuesta tarda. Jesús lo dice al final con una pregunta que queda abierta: «cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?». Esa pregunta nos toca. La viuda no tiene poder, ni dinero, ni contactos; solo tiene una causa justa y la decisión de no rendirse. Así se ora: sin adornos, con la propia necesidad en las manos, volviendo cada día aunque parezca que nadie escucha. La perseverancia no es desconfianza; es la forma que toma la confianza cuando todavía no ha llegado la respuesta. Y la primera lectura completa el cuadro: la fe que ora se vuelve hospitalidad, ayuda concreta a los que se pusieron en camino por Cristo. La viuda nos enseña a pedir; Gayo nos enseña a sostener a quienes dan la cara por el evangelio. Las dos cosas son la misma vida de fe.
Elige una necesidad concreta que llevas tiempo presentando a Dios y escríbela en una tarjeta. Ponla donde la veas cada día y, durante esta semana, dedica un minuto a repetirla con tus palabras, sin fórmulas. Si puedes, acompaña esa oración con un gesto de apoyo a alguien que sirve a la comunidad: una ayuda económica, un mensaje de ánimo o una hora de tu tiempo.
Solicita una intención de misa
Que hay que orar siempre sin desanimarse. La viuda insiste hasta lograr justicia, aunque el juez no teme a Dios. Jesús usa ese contraste para mostrar que el Padre, que es bueno, atiende a quienes claman a él día y noche, aunque haga esperar la respuesta.
Pide acoger y ayudar a los hermanos que están de paso, sobre todo a los que se pusieron en camino para servir a Cristo sin aceptar nada de los paganos. Quien los sostiene colabora con la verdad del evangelio. Es una invitación a la hospitalidad concreta, no solo de palabra.
El salmo de hoy no viene indicado en los textos que tengo de esta fecha, así que no puedo citarlo con exactitud. Te invito a buscarlo en el misal o en el calendario litúrgico de ese sábado, y a rezarlo despacio junto con el evangelio de la viuda insistente.
Toma la necesidad que más te cuesta esperar y preséntala a Dios con palabras sencillas, sin miedo a repetirla. Ora como la viuda: sin discursos, con confianza. Después revisa a quién puedes ayudar concretamente, como pide la carta a Gayo, y ofrece esa ayuda como parte de tu oración.
Porque la espera puede apagar la confianza. La parábola anima a insistir, pero la pregunta final advierte que la perseverancia no está garantizada. La fe se sostiene orando y sirviendo; si se descuida, se enfría. Es una llamada a cuidarla cada día.
El texto bíblico corresponde al Leccionario de la misa del rito romano. Reflexión y comentario: Online Catholic Mass.
🕯
Support Our Mission
Your donation helps us continue daily Mass and spiritual support worldwide.
♥ Donate NowEvery gift, large or small, makes a difference.