Día litúrgico: Viernes de la 32.ª semana del Tiempo Ordinario · Santo del día: San Leandro de Sevilla
Hoy es viernes de la 32.ª semana del Tiempo Ordinario y la Iglesia recuerda a San Leandro de Sevilla. La liturgia nos pone delante dos textos que hablan de permanecer: la segunda carta de Juan insiste en vivir en la verdad y en el amor, y el evangelio de San Lucas 17,26-37 nos advierte sobre la seriedad del día en que se manifieste el Hijo del hombre.
Epístola II de San Juan 1,4-9.
Señora elegida: Me he alegrado muchísimo al encontrar a algunos hijos tuyos que viven en la verdad, según el mandamiento que hemos recibido del Padre.
Y ahora te ruego: amémonos los unos a los otros. Con lo cual no te comunico un nuevo mandamiento, sino que el que tenemos desde el principio. El amor consiste en vivir de acuerdo con los mandamientos de Dios. Y el mandamiento que ustedes han aprendido desde el principio es que vivan en el amor.
Porque han invadido el mundo muchos seductores que no confiesan a Jesucristo manifestado en la carne. ¡Ellos son el Seductor y el Anticristo! Ustedes estén alerta para no perder el fruto de sus trabajos, de manera que puedan recibir una perfecta retribución.
Todo el que se aventura más allá de la doctrina de Cristo y no permanece en ella, no está unido a Dios. En cambio, el que permanece en su doctrina está unido al Padre y también al Hijo.
Salmo 119(118),1.2.10.11.17.18.
Felices los que van por un camino intachable,
los que siguen la ley del Señor,
Felices los que cumplen sus prescripciones
y lo buscan de todo corazón,
Yo te busco de todo corazón:
no permitas que me aparte de tus mandamientos.
Conservo tu palabra en mi corazón,
para no pecar contra ti.
Sé bueno con tu servidor,
para que yo viva y pueda cumplir tu palabra.
Abre mis ojos,
para que contemple las maravillas de tu ley.
Evangelio según San Lucas 17,26-37.
Jesús dijo a sus discípulos: "En los días del Hijo del hombre sucederá como en tiempos de Noé. La gente comía, bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca y llegó el diluvio, que los hizo morir a todos.
Sucederá como en tiempos de Lot: se comía y se bebía, se compraba y se vendía, se plantaba y se construía. Pero el día en que Lot salió de Sodoma, cayó del cielo una lluvia de fuego y de azufre que los hizo morir a todos.
Lo mismo sucederá el Día en que se manifieste el Hijo del hombre. En ese Día, el que esté en la azotea y tenga sus cosas en la casa, no baje a buscarlas. Igualmente, el que esté en el campo, no vuelva atrás.
Acuérdense de la mujer de Lot. El que trate de salvar su vida, la perderá; y el que la pierda, la conservará. Les aseguro que en esa noche, de dos hombres que estén comiendo juntos, uno será llevado y el otro dejado; de dos mujeres que estén moliendo juntas, una será llevada y la otra dejada".
Entonces le preguntaron: «¿Dónde sucederá esto, Señor?» Jesús les respondió: "Donde esté el cadáver, se juntarán los buitres".
Jesús habla de los días de Noé y de Lot, y lo hace con un detalle que desconcierta: la gente comía, bebía, se casaba, compraba, vendía, plantaba y construía. Nada de eso es pecado. El problema no está en las actividades normales de la vida, sino en la distracción total que impide advertir que Dios está llamando. La rutina puede volverse una neblina que tapa lo esencial. Llama la atención la orden de no volver atrás: el que esté en la azotea no baje a buscar sus cosas, y el que esté en el campo no regrese. Y en medio de esa urgencia aparece una frase breve y terrible: «Acuérdense de la mujer de Lot». Ella miró hacia atrás y quedó atrapada en lo que dejaba. No es una condena del pasado, sino una advertencia sobre el corazón dividido, que quiere seguir a Dios pero no suelta lo que ya le pidió dejar. Luego viene la paradoja central: «El que trate de salvar su vida, la perderá; y el que la pierda, la conservará». La vida no se asegura acumulando ni controlando, sino entregándola. Y el final desconcierta todavía más: dos hombres comiendo juntos, dos mujeres moliendo juntas, y uno es llevado y el otro dejado. La cercanía física no garantiza la misma respuesta. Cada uno decide ante Dios. Para quien lee esto hoy, la pregunta no es cuándo será el final, sino dónde está puesto el corazón mientras dura el camino. Permanecer en la doctrina de Cristo, como pide la primera lectura, es quedarse con él aunque el resto se mueva.
Hoy, antes de dormir, revisa tu día sin dramatismo: ¿en qué momento te distrajiste y dejaste de escuchar a Dios? Nombra una sola cosa que te arrastra hacia atrás, un hábito, una obsesión, un rencor, y entrégasela en voz baja. Pide al Señor un corazón que no mire hacia atrás con nostalgia, sino hacia él con confianza. Puedes cerrar con la frase del evangelio: «El que pierda su vida, la conservará».
Solicita una intención de misa
Jesús compara su venida con esos tiempos porque la gente vivía ocupada en lo cotidiano sin advertir el llamado de Dios. No condena comer, casarse o trabajar, sino la distracción que impide escuchar. La advertencia es para que estemos atentos y no nos sorprenda desprevenidos el día de su manifestación.
La segunda carta de Juan pide vivir en la verdad y amarse unos a otros, un mandamiento que viene desde el principio. También advierte contra los seductores que niegan a Jesucristo manifestado en la carne. Pide permanecer en la doctrina de Cristo para estar unidos al Padre y al Hijo, sin perder el fruto del trabajo hecho.
El salmo responsorial de este viernes de la 32.ª semana del Tiempo Ordinario no aparece en los textos que se comentan aquí. Te sugiero consultarlo en tu misal o en la hoja de la celebración parroquial, y unirlo a la reflexión sobre permanecer en el amor y no mirar atrás.
Puedes orar leyendo despacio el evangelio y deteniéndote en la frase «Acuérdense de la mujer de Lot». Pregúntate qué te hace mirar hacia atrás y conversa con Dios sobre eso. Luego pide un corazón disponible, que no se aferre a lo que deja, y cierra dando gracias por su paciencia contigo.
Es una imagen que responde a la pregunta sobre dónde sucederá. Los buitres se reúnen donde hay un cuerpo muerto, y de forma semejante la venida del Hijo del hombre será reconocible para quien está atento. No da una fecha ni un lugar exacto, sino que invita a la vigilancia y a la fe.
El texto bíblico corresponde al Leccionario de la misa del rito romano. Reflexión y comentario: Online Catholic Mass.
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