Lecturas del 16 de noviembre de 2026

Día litúrgico: Lunes de la 33.ª semana del Tiempo Ordinario · Santo del día: Santa Margarita de Escocia

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Hoy la liturgia nos pone frente a dos escenas que se miran entre sí: el ciego de Jericó que grita hasta ser escuchado y la comunidad de Éfeso que trabaja mucho pero tiene que volver a su primer amor. Son lecturas de lunes que hablan de lo que pasa adentro, en medio de la rutina.

Primera lectura de hoy

Apocalipsis 1,1-4.2,1-5a.

Revelación de Jesucristo, que le fue confiada por Dios para enseñar a sus servidores lo que tiene que suceder pronto. El envió a su Angel para transmitírsela a su servidor Juan.

Este atestigua que todo lo que vio es Palabra de Dios y testimonio de Jesucristo. Feliz el que lea, y felices los que escuchen las palabras de esta profecía y tengan en cuenta lo que está escrito en ella, porque el tiempo está cerca.

Yo, Juan, escribo a las siete Iglesias de Asia. Llegue a ustedes la gracia y la paz de parte de aquel que es, que era y que vendrá, y de los siete Espíritus que están delante de su trono, Escribe al Angel de la Iglesia de Efeso: «El que tiene en su mano derecha las siete estrellas y camina en medio de los siete candelabros de oro, afirma: "Conozco tus obras, tus trabajos y tu constancia. Sé que no puedes tolerar a los perversos: has puesto a prueba a quienes usurpan el título de apóstoles, y comprobaste que son mentirosos.

Sé que tienes constancia y que has sufrido mucho por mi Nombre sin desfallecer. Pero debo reprocharte que hayas dejado enfriar el amor que tenías al comienzo.

Fíjate bien desde dónde has caído, conviértete y observa tu conducta anterior."»

Salmo responsorial de hoy

Salmo 1,1-2.3.4.6.

¡Feliz el hombre
que no sigue el consejo de los malvados,
ni se detiene en el camino de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los impíos,
sino que se complace en la ley del Señor
y la medita de día y de noche!
El es como un árbol
plantado al borde de las aguas,
que produce fruto a su debido tiempo,
y cuyas hojas nunca se marchitan:
todo lo que haga le saldrá bien.
No sucede así con los malvados:
ellos son como paja que se lleva el viento.
Porque el Señor cuida el camino de los justos,
pero el camino de los malvados termina mal.

Evangelio de hoy

Evangelio según San Lucas 18,35-43.

Cuando se acercaba a Jericó, un ciego estaba sentado al borde del camino, pidiendo limosna. Al oír que pasaba mucha gente, preguntó qué sucedía. Le respondieron que pasaba Jesús de Nazaret.

El ciego se puso a gritar: "¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!". Los que iban delante lo reprendían para que se callara, pero él gritaba más fuerte: "¡Hijo de David, ten compasión de mí!".

Jesús se detuvo y mandó que se lo trajeran. Cuando lo tuvo a su lado, le preguntó: "¿Qué quieres que haga por ti?". "Señor, que yo vea otra vez". Y Jesús le dijo: "Recupera la vista, tu fe te ha salvado".

En el mismo momento, el ciego recuperó la vista y siguió a Jesús, glorificando a Dios. Al ver esto, todo el pueblo alababa a Dios.

Reflexión del evangelio de hoy

El ciego del evangelio es un retrato del discípulo. No ve, pero oye que pasa mucha gente, pregunta qué sucede y, cuando le dicen que pasa Jesús de Nazaret, no se queda quieto. Grita. Y los que van adelante, los que parecen saber más, lo mandan a callar. Él grita más fuerte. Ese detalle no es un adorno del relato: muestra que la fe nace y se sostiene en la insistencia, no en la comodidad de una multitud que camina junta. Jesús se detiene. Ese es el otro detalle que vale la pena mirar. El Señor que va subiendo a Jerusalén, con todo lo que le espera, se detiene por un ciego al costado del camino. No lo llama desde lejos ni lo resuelve con una bendición al aire: manda que se lo traigan y le pregunta qué quiere. Esa pregunta, «¿Qué quieres que haga por ti?», Es la puerta de toda oración honesta. El ciego no pide plata ni un puesto: pide ver. Y su fe se activa en el momento en que reconoce quién pasa. La primera lectura hace el contraste. Éfeso tiene obras, trabajos, constancia, y hasta sabe poner a prueba a los falsos. Pero le falta lo primero: el amor que tuvo al principio. La comunidad se cansó de gritar, se acostumbró a caminar, dejó de asombrarse. El ciego nos enseña que pedir es la primera obra. Y que después de ver, uno se levanta y sigue a Jesús, glorificando a Dios. Esa es la vida cristiana: dejarse detener por el Señor y caminar detrás de él, no delante de la multitud que calla a los demás.

Cómo vivir las lecturas de hoy

Hoy, antes de dormir, hazte la pregunta del evangelio: «¿Qué quieres que haga por ti?». Nómbralo en voz alta, sin adornos, como el ciego. Y añade un propósito pequeño: dejar de callar a alguien que necesita ser escuchado, en tu casa o en el trabajo. Reza un padrenuestro pidiendo ver con claridad lo que tienes delante.

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Preguntas frecuentes sobre las lecturas de hoy

¿Qué dice el evangelio de hoy sobre el ciego de Jericó?

San Lucas 18,35-43 presenta a un ciego sentado al borde del camino que, al oír que pasa Jesús, grita pidiendo compasión. La multitud lo reprende, pero él insiste. Jesús se detiene, lo llama, le pregunta qué quiere y le devuelve la vista. El ciego lo sigue glorificando a Dios, y el pueblo alaba también.

¿Qué pide la primera lectura de hoy a la comunidad de Éfeso?

El Apocalipsis reconoce en Éfeso sus obras, su trabajo y su constancia frente a los perversos. Pero le reprocha haber abandonado el amor primero. La llamada es a recordar de dónde cayó, convertirse y volver a las obras de antes. Es una advertencia para toda comunidad que se cansa de amar.

¿Cuál es el salmo responsorial de hoy y qué sentido tiene?

En la liturgia de este lunes el salmo responsorial acompaña la primera lectura y ayuda a responder con la oración de la Iglesia. Su función es convertir lo escuchado en alabanza y súplica. Al rezarlo unidos, dejamos que la Palabra resuene en nosotros y no solo en los oídos.

¿Cómo puedo orar con estas lecturas de hoy?

Empieza por identificarte con el ciego: di en voz alta qué necesitas ver. Luego revisa si tienes obras sin amor primero, como Éfeso. Pide perdón por lo que se enfrió y pide de nuevo el primer amor. Cierra con una oración breve de confianza, sabiendo que Jesús se detiene a escucharte igual que a aquel hombre.

¿Qué significa la frase «tu fe te ha salvado» dicha al ciego?

Jesús no atribuye la curación solo a su poder, sino a la fe del hombre que gritó y no se calló. Esa fe lo puso delante del Señor y lo abrió a recibir la vista. La salvación llega cuando uno reconoce quién pasa y se atreve a pedir, aunque otros lo desanimen.

El texto bíblico corresponde al Leccionario de la misa del rito romano. Reflexión y comentario: Online Catholic Mass.

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