Día litúrgico: Jueves de la 1.ª semana de Adviento · Santo del día: San Francisco Javier
El calendario litúrgico nos sitúa en el jueves de la primera semana de Adviento, y la memoria de San Francisco Javier acompaña esta jornada. Isaías invita a entrar por las puertas de una ciudad fuerte y a confiar en el Señor como Roca eterna. El evangelio de San Mateo 7,21.24-27 Pone esa confianza a prueba: escuchar a Jesús y poner en práctica sus palabras es lo que sostiene la casa cuando llega la tormenta.
Libro de Isaías 26,1-6.
Aquel día, se entonará este canto en el país de Judá: Tenemos una ciudad fuerte, el Señor le ha puesto como salvaguardia muros y antemuros. Abran las puertas, para que entre una nación justa, que se mantiene fiel.
Su carácter es firme, y tú la conservas en paz, porque ella confía en ti. Confíen en el Señor para siempre, porque el Señor es una Roca eterna. El doblegó a los que habitaban en la altura, en la ciudad inaccesible; la humilló hasta la tierra, le hizo tocar el polvo.
Ella es pisoteada por los pies del pobre, por las pisadas de los débiles.
Salmo 118(117),1.8-9.19-21.25-27a.
¡Den gracias al Señor, porque es bueno,
porque es eterno su amor!
Es mejor refugiarse en el Señor
que fiarse de los hombres;
es mejor refugiarse en el Señor
que fiarse de los poderosos.
«Abran las puertas de la justicia
y entraré para dar gracias al Señor.»
«Esta es la puerta del Señor:
sólo los justos entran por ella.»
Yo te doy gracias porque me escuchaste
y fuiste mi salvación.
Sálvanos, Señor, asegúranos la prosperidad.
¡Bendito el que viene en nombre del Señor!
Nosotros los bendecimos desde la Casa del Señor:
el Señor es Dios, y él nos ilumina».
Evangelio según San Mateo 7,21.24-27.
Jesús dijo a sus discípulos: "No son los que me dicen: 'Señor, Señor', los que entrarán en el Reino de los Cielos, sino los que cumplen la voluntad de mi Padre que está en el cielo.
Así, todo el que escucha las palabras que acabo de decir y las pone en práctica, puede compararse a un hombre sensato que edificó su casa sobre roca. Cayeron las lluvias, se precipitaron los torrentes, soplaron los vientos y sacudieron la casa; pero esta no se derrumbó porque estaba construida sobre roca.
Al contrario, el que escucha mis palabras y no las practica, puede compararse a un hombre insensato, que edificó su casa sobre arena. Cayeron las lluvias, se precipitaron los torrentes, soplaron los vientos y sacudieron la casa: esta se derrumbó, y su ruina fue grande".
Jesús no pide discursos ni entusiasmos pasajeros. En el pasaje de hoy deja claro que decir «Señor, Señor» no basta para entrar en el Reino, sino cumplir la voluntad del Padre. La imagen de las dos casas es sencilla y despierta: lluvia, torrentes y vientos golpean por igual a los dos constructores. La diferencia no está en el clima, sino en el terreno donde cada uno clavó los cimientos. Uno escucha y practica; el otro escucha y se queda tranquilo sin mover un dedo. Llama la atención que Jesús no describa tormentas extraordinarias. Habla de lo que ya conocemos: la lluvia que cae, los ríos que crecen, el viento que sopla. La vida trae sus propias sacudidas, y no hace falta esperar catástrofes para notarlas. Una enfermedad, una ruptura, una decisión difícil. Ahí se ve sobre qué está construida la casa. La roca no es una idea abstracta. Es la persona de Jesús y su enseñanza vivida. Escuchar sin practicar deja la casa sobre arena, con una apariencia bonita mientras hace buen tiempo. Practicar, aunque cueste, hunde los cimientos en algo que no se derrumba. Isaías habla de una ciudad con muros y antemuros, pero también de un pueblo que se mantiene fiel. La fidelidad no se improvisa en la tormenta; se construye en los días tranquilos, cuando nadie mira, cuando la decisión de hacer el bien no tiene aplausos. Adviento es tiempo de preparar el terreno. No se trata de tener respuestas brillantes, sino de vivir lo que ya sabemos que Dios nos pide: perdonar, compartir, ser honestos, rezar con constancia. Quien edifica así puede mirar los nubarrones sin pánico, porque su casa no se sostiene en sus propias fuerzas, sino en la Roca eterna que el Señor ofrece.
Hoy elige una sola palabra de Jesús que te cueste practicar y llévala a cabo antes de que termine el día. Puede ser perdonar a alguien, decir la verdad en una situación incómoda o dedicar unos minutos a la oración sin distracciones. Al hacerlo, di en voz baja: «Señor, sobre tu palabra edifico». Cierra la jornada revisando qué cimiento estás poniendo con tus decisiones pequeñas.
Solicita una intención de misa
Jesús advierte que llamarle Señor con la boca no garantiza entrar en el Reino de los Cielos. Lo que cuenta es cumplir la voluntad del Padre que está en el cielo. La palabra debe convertirse en obediencia concreta, en decisiones que muestren que de verdad escuchamos al Maestro.
Pide abrir las puertas del corazón a una nación justa y fiel, confiar en el Señor para siempre porque es Roca eterna, y reconocer que Dios humilla a los soberbios y levanta a los pobres y débiles. Es una llamada a la fidelidad sostenida y a la confianza firme.
El salmo responsorial de esta jornada no aparece en los textos que se han compartido. Puedes consultarlo en tu misal o en la hoja parroquial del día. Mientras tanto, la primera lectura y el evangelio ya ofrecen suficiente material para orar y preparar el corazón en este Adviento.
Empieza leyendo despacio el evangelio y pregúntate sobre qué roca estás construyendo tu vida ahora mismo. Nombra ante Dios una situación concreta que te sacuda y pídele fuerzas para practicar su palabra en ella. Termina con una oración breve de confianza, repitiendo que el Señor es tu Roca eterna.
Que las tormentas son idénticas para las dos casas. Jesús no promete a los sensatos un clima tranquilo, sino una casa que resiste. La diferencia no está en evitar los problemas, sino en el terreno donde se edificó. Eso cambia la forma de entender las pruebas de la vida.
El texto bíblico corresponde al Leccionario de la misa del rito romano. Reflexión y comentario: Online Catholic Mass.
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