Día litúrgico: Viernes de la 25.ª semana del Tiempo Ordinario · Santo del día: San Fermín de Amiens
Hoy, viernes de la vigésima quinta semana del Tiempo Ordinario, la liturgia nos invita a escuchar el Libro del Eclesiastés y el Evangelio según San Lucas. En medio de nuestras ocupaciones, la Palabra nos recuerda que todo tiene su tiempo y que la pregunta central de la vida cristiana es quién es Jesús para nosotros.
Libro de Eclesiastés 3,1-11.
Hay un momento para todo y un tiempo para cada cosa bajo el sol: un tiempo para nacer y un tiempo para morir, un tiempo para plantar y un tiempo para arrancar lo plantado; un tiempo para matar y un tiempo para curar, un tiempo para demoler y un tiempo para edificar; un tiempo para llorar y un tiempo para reír, un tiempo para lamentarse y un tiempo para bailar; un tiempo para arrojar piedras y un tiempo para recogerlas, un tiempo para abrazarse y un tiempo para separarse; un tiempo para buscar y un tiempo para perder, un tiempo para guardar y un tiempo para tirar; un tiempo para rasgar y un tiempo para coser, un tiempo para callar y un tiempo para hablar; un tiempo para amar y un tiempo para odiar, un tiempo de guerra y un tiempo de paz.
¿Qué provecho obtiene el trabajador con su esfuerzo? Yo vi la tarea que Dios impuso a los hombres para que se ocupen de ella. El hizo todas las cosas apropiadas a su tiempo, pero también puso en el corazón del hombre el sentido del tiempo pasado y futuro, sin que el hombre pueda descubrir la obra que hace Dios desde el principio hasta el fin.
Salmo 144(143),1a.2abc.3-4.
Bendito sea el Señor, mi Roca,
él es mi bienhechor y mi fortaleza,
mi baluarte y mi libertador;
él es el escudo con que me resguardo.
Señor, ¿qué es el hombre para que tú lo cuides,
y el ser humano, para que pienses en él?
El hombre es semejante a un soplo,
y sus días son como una sombre fugaz.
Evangelio según San Lucas 9,18-22.
Un día en que Jesús oraba a solas y sus discípulos estaban con él, les preguntó: "¿Quién dice la gente que soy yo?". Ellos le respondieron: "Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los antiguos profetas que ha resucitado".
"Pero ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy yo?". Pedro, tomando la palabra, respondió: "Tú eres el Mesías de Dios". Y él les ordenó terminantemente que no lo dijeran a nadie.
"El Hijo del hombre, les dijo, debe sufrir mucho, ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser condenado a muerte y resucitar al tercer día".
El Evangelio de hoy nos muestra a Jesús orando a solas con sus discípulos. De repente, les lanza una pregunta que sigue resonando: «¿Quién dice la gente que soy yo?». Las respuestas son variadas: Juan el Bautista, Elías, un profeta. Pero luego viene la pregunta decisiva: «Pero ustedes, ¿quién dicen que soy yo?». Pedro responde con valentía: «Tú eres el Mesías de Dios». Es un momento de luz, pero inmediatamente Jesús anuncia que el Hijo del hombre debe sufrir, ser rechazado y morir, y resucitar al tercer día. Este contraste es clave. No es un Mesías de poder triunfalista, sino un Mesías que pasa por la cruz. La fe verdadera no evade el sufrimiento; lo integra en el camino de la salvación. La primera lectura, con su lista de tiempos, nos ayuda a aceptar que en la vida hay momentos de dolor y de alegría, de plantar y de arrancar. Dios ha puesto en nuestro corazón el deseo de eternidad, pero lo hace madurar a través del tiempo. Reconocer a Jesús como Mesías implica aceptar que su camino no es el nuestro, y que también nosotros estamos llamados a cargar la cruz de cada día con la esperanza de la resurrección.
Hoy dedica unos minutos a repetir en tu interior la pregunta de Jesús: «¿Quién dices que soy yo?». No respondas de memoria. Deja que esa pregunta toque tu vida concreta. Luego, identifica un momento de dificultad que estés viviendo y ofrécelo como parte de tu seguimiento. Al final del día, agradece a Dios por los tiempos de consuelo y por los de prueba, confiando en que Él conduce todo hacia la resurrección.
Solicita una intención de misa
Jesús pregunta a sus discípulos quién dice la gente que es él. Pedro responde: «Tú eres el Mesías de Dios». Jesús entonces anuncia que el Hijo del hombre debe sufrir, ser rechazado y morir, y resucitar al tercer día. La identidad de Jesús se revela unida al misterio de la cruz y la resurrección.
El Eclesiastés nos muestra que hay un tiempo para cada cosa bajo el sol: nacer y morir, plantar y arrancar, llorar y reír. Nos invita a aceptar los ritmos de la vida con sabiduría, reconociendo que Dios está presente en cada etapa y que todo tiene un propósito en su plan.
El salmo responsorial de hoy es el Salmo 143, que dice: «Bendito el Señor, mi roca». Nos ayuda a orar reconociendo a Dios como refugio y fortaleza en medio de las dificultades. Podemos repetirlo pidiendo que nos enseñe a confiar en su protección y a seguir su camino con fidelidad.
Puedes comenzar pidiendo al Espíritu Santo que te ayude a reconocer a Jesús como Mesías en tu vida concreta. Luego, repite despacio la pregunta de Jesús y deja que resuene. Ofrece a Dios tus tiempos de trabajo y descanso, y pide la gracia de aceptar su voluntad en cada momento, incluso en los difíciles.
Pedro responde con fe: «Tú eres el Mesías de Dios», pero poco después Jesús le anuncia la pasión. Pedro aún no comprende que el Mesías debe sufrir. Esto muestra que la fe es un camino: podemos reconocer a Jesús y, aun así, necesitar convertir nuestra idea de Mesías para aceptar la cruz.
El texto bíblico corresponde al Leccionario de la misa del rito romano. Reflexión y comentario: Online Catholic Mass.
🕯
Support Our Mission
Your donation helps us continue daily Mass and spiritual support worldwide.
♥ Donate NowEvery gift — large or small — makes a difference.