Día litúrgico: Martes de la 25.ª semana del Tiempo Ordinario · Santo del día: San Ignacio de Santhià
Hoy es martes de la vigésima quinta semana del Tiempo Ordinario. La liturgia nos regala un pasaje de Proverbios que contrasta la justicia con la arrogancia, y el evangelio de San Lucas 8,19-21, donde Jesús redefine quiénes son su madre y sus hermanos. La memoria de San Ignacio de Santhià nos recuerda que la santidad se teje en lo cotidiano.
Libro de los Proverbios 21,1-6.10-13.
El corazón del rey es una corriente de agua en manos del Señor: él lo dirige hacia donde quiere. Al hombre le parece que todo su camino es recto, pero el Señor pesa los corazones.
Practicar la justicia y el derecho agrada al Señor más que los sacrificios. Los ojos altaneros, el corazón arrogante, la luz de los malvados: todo eso es pecado.
Los proyectos del hombre laborioso son pura ganancia, el que se precipita acaba en la indigencia. Tesoros adquiridos con engaños son ilusión fugaz de los que buscan la muerte.
El alma del malvado desea el mal, él no se apiada de su prójimo. El simple se hace sabio cuando se castiga al insolente, y asimila la ciencia cuando se instruye al sabio.
El justo observa la casa del malvado, y precipita en la desgracia a los malos. El que cierra los oídos al clamor del débil llamará y no se le responderá.
Salmo 119(118),1.27.30.34.35.44.
Felices los que van por un camino intachable,
los que siguen la ley del Señor,
Instrúyeme en el camino de tus leyes,
y yo meditaré tus maravillas.
Elegí el camino de la verdad,
puse tus decretos delante de mí.
Instrúyeme, para que observe tu ley
y la cumpla de todo corazón.
Condúceme por la senda de tus mandamientos,
porque en ella tengo puesta mi alegría.
Yo cumpliré fielmente tu ley:
lo haré siempre, eternamente.
Evangelio según San Lucas 8,19-21.
Su madre y sus hermanos fueron a verlo, pero no pudieron acercarse a causa de la multitud. Entonces le anunciaron a Jesús: "Tu madre y tus hermanos están ahí afuera y quieren verte".
Pero él les respondió: "Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la Palabra de Dios y la practican".
El evangelio de hoy nos muestra a la madre y los hermanos de Jesús que no pueden acercarse a él por la multitud. Al anunciarle que están afuera, Jesús responde con una frase que sorprende: «Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la Palabra de Dios y la practican». No es un rechazo a su familia, sino una ampliación de la familia de Dios. La verdadera pertenencia no se basa solo en lazos de sangre, sino en la escucha y la práctica de la Palabra. Ese detalle de la multitud que impide el acceso físico nos habla de las barreras que a veces nosotros mismos ponemos para encontrarnos con Jesús. Pero él no se deja encerrar: su mirada va más allá de lo inmediato y nos invita a todos a formar parte de su círculo íntimo. Escuchar y practicar: dos verbos que van unidos. No basta con oír, hay que vivir lo escuchado. La primera lectura de Proverbios insiste en que practicar la justicia agrada al Señor más que los sacrificios. Esa justicia se concreta en no cerrar los oídos al clamor del débil. Así, el evangelio y la primera lectura se iluminan mutuamente: la Palabra de Dios nos llama a una vida coherente, donde la escucha se transforma en obras de justicia y misericordia. En un día como hoy, San Ignacio de Santhià nos anima a vivir esa coherencia desde lo sencillo.
Hoy elige un momento para leer despacio el evangelio de San Lucas 8,19-21. Pregúntate: ¿qué Palabra de Dios estoy escuchando pero no practicando? Luego realiza una acción concreta de justicia o misericordia con alguien cercano, especialmente con quien más lo necesita. Puede ser una visita, una llamada, un gesto de ayuda. Al final del día, agradece a Dios por haberte hecho parte de su familia.
Solicita una intención de misa
Jesús amplía el concepto de familia. No niega a su madre ni a sus parientes, sino que enseña que la verdadera unión con él nace de escuchar y vivir su Palabra. Así, todos podemos ser parte de su familia si acogemos su mensaje con el corazón y lo llevamos a la práctica.
Porque Dios no se complace en ritos vacíos si el corazón está lejos de él. La justicia, el derecho y la misericordia con los débiles son la verdadera ofrenda que Dios acepta. El sacrificio sin cambio de vida no tiene valor ante sus ojos.
El salmo responsorial de hoy es el Salmo 118, que proclama: «Guíame, Señor, por el camino de tus mandamientos». Nos enseña a pedir a Dios que nos oriente hacia una vida recta, donde sus preceptos sean la luz que ilumine nuestras decisiones diarias.
Puedes comenzar pidiendo al Espíritu Santo que abra tu corazón para escuchar la Palabra. Luego medita en qué área de tu vida necesitas practicar la justicia. Termina con una oración de entrega, pidiendo a Dios que te ayude a ser coherente entre lo que escuchas y lo que vives.
El detalle de que su madre y hermanos no podían acercarse por la multitud. Jesús no sale a buscarlos, pero aprovecha la ocasión para enseñar que la cercanía física no es lo esencial. Lo esencial es escuchar y practicar la Palabra, y eso está al alcance de todos.
El texto bíblico corresponde al Leccionario de la misa del rito romano. Reflexión y comentario: Online Catholic Mass.
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