Día litúrgico: Viernes de la 24.ª semana del Tiempo Ordinario · Santo del día: San Desiderio Rennes
Hoy es viernes de la vigésima cuarta semana del Tiempo Ordinario, y la Iglesia nos propone caminar con dos textos que se iluminan entre sí. La primera carta a los Corintios nos enfrenta a la resurrección como centro de la fe, y el evangelio de San Lucas nos muestra a Jesús en camino, acompañado por hombres y mujeres que sostienen la misión.
Carta I de San Pablo a los Corintios 15,12-20.
Hermanos: Si se anuncia que Cristo resucitó de entre los muertos, ¿cómo algunos de ustedes afirman que los muertos no resucitan? ¡Si no hay resurrección, Cristo no resucitó!
Y si Cristo no resucitó, es vana nuestra predicación y vana también la fe de ustedes. Incluso, seríamos falsos testigos de Dios, porque atestiguamos que él resucitó a Jesucristo, lo que es imposible, si los muertos no resucitan.
Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, la fe de ustedes es inútil y sus pecados no han sido perdonados.
en consecuencia, los que murieron con la fe en Cristo han perecido para siempre. Si nosotros hemos puesto nuestra esperanza en Cristo solamente para esta vida, seríamos los hombres más dignos de lástima.
Pero no, Cristo resucitó de entre los muertos, el primero de todos.
Salmo 17(16),1.6-7.8b.15.
Escucha, Señor, mi justa demanda,
atiende a mi clamor;
presta oído a mi plegaria,
porque en mis labios no hay falsedad.
Yo te invoco, Dios mío, porque tú me respondes:
inclina tu oído hacia mí y escucha mis palabras.
Muestra las maravillas de tu gracia,
tú que salvas de los agresores
a los que buscan refugio a tu derecha.
Escóndeme a la sombra de tus alas.
Pero yo, por tu justicia, contemplaré tu rostro,
y al despertar, me saciaré de tu presencia.
Evangelio según San Lucas 8,1-3.
Jesús recorría las ciudades y los pueblos, predicando y anunciando la Buena Noticia del Reino de Dios. Lo acompañaban los Doce y también algunas mujeres que habían sido curadas de malos espíritus y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, esposa de Cusa, intendente de Herodes, Susana y muchas otras, que los ayudaban con sus bienes.
El evangelio de hoy no se detiene en un discurso largo. Nos presenta a Jesús recorriendo ciudades y pueblos, anunciando el Reino. Lucas nombra a los Doce, pero también a varias mujeres: María Magdalena, Juana, Susana y muchas otras. El detalle no es decorativo. Ellas habían sido curadas y ahora acompañan, sirven, sostienen con sus bienes. La misión no la cargan solo los apóstoles. Hay una red de personas agradecidas que hacen posible que el anuncio llegue más lejos. Lucas escribe que lo acompañaban y que «los ayudaban con sus bienes». Ese verbo, ayudar, describe una forma concreta de seguir a Jesús. No todos predican desde la plaza, pero todos pueden sostener a quien predica. La gratitud se vuelve servicio. Si hoy lees este pasaje, puedes preguntarte dónde estás tú en esa comitiva. Tal vez no te toca hablar en público, pero sí ofrecer tu casa, tu tiempo, tu trabajo, tu oración, para que el Reino siga avanzando. La primera lectura refuerza esto: si Cristo no resucitó, la predicación es vana y la fe también. Pero Cristo resucitó, y esa certeza cambia el modo de caminar. Las mujeres del evangelio no seguían a un maestro muerto, seguían al Viviente. Su ayuda tenía sentido porque la esperanza estaba puesta en algo más grande que esta vida. Hoy la Iglesia sigue necesitando personas que ayuden con sus bienes, con su presencia y con su oración. El evangelio no pide heroicidades espectaculares, pide fidelidad cotidiana.
Hoy elige una forma concreta de ayudar a la misión de la Iglesia. Puede ser acompañar a alguien que lo necesita, colaborar con una obra parroquial o donar algo de lo tuyo. Antes de hacerlo, reza despacio el evangelio de San Lucas 8,1-3 e imagina que caminas con Jesús y las mujeres que lo sostenían. Ofrece tu gesto por quienes anuncian el Reino.
Solicita una intención de misa
Presenta a Jesús recorriendo ciudades y pueblos, predicando el Reino de Dios. Lo acompañan los Doce y algunas mujeres curadas por él: María Magdalena, Juana, Susana y muchas otras, que los ayudaban con sus bienes.
San Pablo afirma que si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó, y la fe sería vana. Pero Cristo resucitó de entre los muertos como primero de todos, y esa verdad sostiene la predicación y el perdón de los pecados.
El salmo responsorial de este viernes de la vigésima cuarta semana del Tiempo Ordinario acompaña la primera lectura y proclama la fidelidad de Dios. Te invitamos a rezarlo con la comunidad, respondiendo con el estribillo que la liturgia propone para hoy.
Puedes leer despacio San Lucas 8,1-3 y preguntarte cómo ayudas tú a la misión. Luego, a la luz de la primera lectura, agradece a Dios porque Cristo resucitó y tu esperanza no termina en esta vida. Termina ofreciendo un gesto concreto.
Que Lucas nombre a las mujeres que acompañaban a Jesús y diga que lo ayudaban con sus bienes. No solo seguían al maestro, sostenían económicamente la misión. Su gratitud por haber sido curadas se convertía en servicio concreto.
El texto bíblico corresponde al Leccionario de la misa del rito romano. Reflexión y comentario: Online Catholic Mass.
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