Día litúrgico: Lunes de la 26.ª semana del Tiempo Ordinario · Santo del día: San Wenceslao
El lunes de la vigésima sexta semana del Tiempo Ordinario nos presenta el inicio del libro de Job y un pasaje del evangelio de San Lucas. En Job vemos el misterio del sufrimiento del justo y la libertad con que Dios permite la prueba. En el evangelio, Jesús enseña a sus discípulos que la grandeza está en recibir a los pequeños y en no impedir el bien que otros hacen en su nombre.
Libro de Job 1,6-22.
El día en que los hijos de Dios fueron a presentarse delante del Señor, también el Adversario estaba en medio de ellos. El Señor le dijo: "¿De dónde vienes?". El Adversario respondió al Señor: "De rondar por la tierra, yendo de aquí para allá".
Entonces el Señor le dijo: "¿Te has fijado en mi servidor Job? No hay nadie como él sobre la tierra: es un hombre íntegro y recto, temeroso de Dios y alejado del mal".
Pero el Adversario le respondió: "¡No por nada teme Job al Señor! ¿Acaso tú no has puesto un cerco protector alrededor de él, de su casa y de todo lo que posee? Tú has bendecido la obra de sus manos y su hacienda se ha esparcido por todo el país.
Pero extiende tu mano y tócalo en lo que posee: ¡seguro que te maldecirá en la cara!". El Señor dijo al Adversario: "Está bien. Todo lo que le pertenece está en tu poder, pero no pongas tu mano sobre él". Y el Adversario se alejó de la presencia del Señor.
El día en que sus hijos e hijas estaban comiendo y bebiendo en la casa del hermano mayor, llegó un mensajero y dijo a Job: "Los bueyes estaban arando y las asnas pastaban cerca de ellos, cuando de pronto irrumpieron los sabeos y se los llevaron, pasando a los servidores al filo de la espada. Yo solo pude escapar para traerte la noticia".
Todavía estaba hablando, cuando llegó otro y le dijo: "Cayó del cielo fuego de Dios, e hizo arder a las ovejas y a los servidores hasta consumirlos. Yo solo pude escapar para traerte la noticia".
Todavía estaba hablando, cuando llegó otro y le dijo: "Los caldeos, divididos en tres grupos, se lanzaron sobre los camellos y se los llevaron, pasando a los servidores al filo de la espada. Yo solo pude escapar para traerte la noticia".
Todavía estaba hablando, cuando llegó otro y le dijo: Tus hijos y tus hijas comían y bebían en la casa de su hermano mayor, y de pronto sopló un fuerte viento del lado del desierto, que sacudió los cuatro ángulos de la casa. Esta se desplomó sobre los jóvenes, y ellos murieron. Yo solo pude escapar para traerte la noticia.
Entonces Job se levantó y rasgó su manto; se rapó la cabeza, se postró con el rostro en tierra y exclamó: "Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allí. El Señor me lo dio y el Señor me lo quitó:¡bendito sea el nombre del Señor!".
En todo esto, Job no pecó ni dijo nada indigno contra Dios.
Salmo 17(16),1.2-3.6-7.
Escucha, Señor, mi justa demanda,
atiende a mi clamor;
presta oído a mi plegaria,
porque en mis labios no hay falsedad.
Tú me harás justicia,
porque tus ojos ven lo que es recto:
si examinas mi corazón
y me visitas por las noches,
si me pruebas al fuego,
no encontrarás malicia en mí.
Mi boca no se excedió
Yo te invoco, Dios mío, porque tú me respondes:
inclina tu oído hacia mí y escucha mis palabras.
Muestra las maravillas de tu gracia,
tú que salvas de los agresores
a los que buscan refugio a tu derecha.
Evangelio según San Lucas 9,46-50.
Entonces se les ocurrió preguntarse quién sería el más grande. Pero Jesús, conociendo sus pensamientos, tomó a un niño y acercándolo, les dijo: "El que recibe a este niño en mi Nombre, me recibe a mí, y el que me recibe a mí, recibe a aquel que me envió; porque el más pequeño de ustedes, ese es el más grande".
Juan, dirigiéndose a Jesús, le dijo: "Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu Nombre y tratamos de impedírselo, porque no es de los nuestros".
Pero Jesús le dijo: "No se lo impidan, porque el que no está contra ustedes, está con ustedes".
El evangelio de hoy nos muestra a los discípulos discutiendo sobre quién sería el más grande. Jesús, conociendo sus pensamientos, toma a un niño y lo pone en medio. Ese gesto sencillo descoloca cualquier ambición de poder. El niño, en la cultura de la época, no tenía relevancia social; representaba a los pequeños, a los que no cuentan. Jesús dice: «El que recibe a este niño en mi Nombre, me recibe a mí». La grandeza no está en dominar, sino en acoger al vulnerable. Luego Juan interviene: han visto a alguien expulsar demonios en nombre de Jesús y se lo han impedido porque no era del grupo. Jesús responde: «No se lo impidan, porque el que no está contra ustedes, está con ustedes». Esta frase nos invita a no encerrar el bien en nuestros círculos. El Reino de Dios no es propiedad exclusiva de nadie. Quien hace el bien, aunque no sea de los nuestros, está con nosotros. En la vida diaria, esto significa renunciar a los celos eclesiales y alegrarnos del bien dondequiera que ocurra. También implica revisar nuestras jerarquías: ¿buscamos ser los primeros o servir a los pequeños? La primera lectura, con Job, nos muestra que el justo puede sufrir, pero Dios sigue siendo confiable. Job no maldice a Dios a pesar de la pérdida. Ambas lecturas nos llaman a una fe humilde, que acoge y no excluye, que confía incluso en la prueba.
Hoy, al orar, revisa si hay alguien a quien hayas excluido o mirado con recelo por no ser de tu grupo. Pide a Dios un corazón que se alegre del bien ajeno. Luego, haz un gesto concreto de acogida hacia una persona que suela pasar desapercibida: escúchala, ayúdala o simplemente sonríele. Ofrece esa acción por la unidad de los cristianos.
Solicita una intención de misa
Jesús enseña que el más grande es el que se hace pequeño y recibe a los niños en su nombre. La grandeza no está en el poder ni en el reconocimiento, sino en la humildad y el servicio a los más vulnerables.
Job, a pesar de perder sus bienes y sus hijos, no peca ni maldice a Dios. La lectura invita a confiar en Dios incluso en la adversidad, reconociendo que Él sigue siendo el Señor de la vida y de la historia.
El salmo responsorial para este lunes de la vigésima sexta semana del Tiempo Ordinario es el Salmo 16, que expresa confianza en Dios: «A ti, Señor, me acojo: no quede yo nunca defraudado». Es una súplica de protección y fidelidad.
Puedes orar pidiendo un corazón humilde como el de Job y acogedor como el de Jesús. Dedica unos minutos a examinar si buscas ser el primero y pide la gracia de servir a los pequeños. Termina agradeciendo el bien que otros hacen en nombre de Cristo.
Juan muestra una actitud celosa al impedir que alguien ajeno al grupo expulse demonios en nombre de Jesús. Jesús corrige esa mentalidad excluyente, enseñando que quien no está contra nosotros está con nosotros.
El texto bíblico corresponde al Leccionario de la misa del rito romano. Reflexión y comentario: Online Catholic Mass.
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