Día litúrgico: San Andrés, apóstol · Santo del día: Beato Ludovico Roque Gietyngier
El evangelio de esta fecha muestra a Jesús caminando junto al mar de Galilea y llamando a sus primeros discípulos en medio de su trabajo cotidiano. Conviene detenerse en esta escena porque ahí se ve cómo la llamada de Dios llega cuando menos se espera y pide una respuesta inmediata.
Evangelio según San Mateo 4,18-22.
Mientras caminaba a orillas del mar de Galilea, Jesús vio a dos hermanos: a Simón, llamado Pedro, y a su hermano Andrés, que echaban las redes al mar porque eran pescadores.
Entonces les dijo: "Síganme, y yo los haré pescadores de hombres". Inmediatamente, ellos dejaron las redes y lo siguieron. Continuando su camino, vio a otros dos hermanos: a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca con Zebedeo, su padre, arreglando las redes; y Jesús los llamó.
Inmediatamente, ellos dejaron la barca y a su padre, y lo siguieron.
Jesús llama a pescadores comunes y ellos lo dejan todo para seguirlo
Jesús camina a orillas del mar de Galilea, un lugar de trabajo, no un templo. Ve a Simón y a Andrés echando las redes, ocupados en lo suyo. No los llama desde una distancia teórica: entra en su rutina y los mira ahí, con las manos sucias y el cansancio del oficio. Esa cercanía dice mucho de cómo Dios se acerca a las personas: no espera que estén listas ni que tengan un currículum espiritual, los encuentra donde están. La frase que cambia la escena es breve y directa: «Síganme, y yo los haré pescadores de hombres». Jesús no explica un programa ni promete comodidades. Les ofrece una tarea nueva y les asegura que él mismo los preparará. La respuesta de Pedro y Andrés es inmediata: dejan las redes. Mateo subraya ese detalle dos veces con Santiago y Juan, que dejan la barca y a su padre. No es que no amaran su vida; es que reconocieron que esa voz valía más que lo conocido. Para quien lee esto hoy, la escena no es un recuerdo lejano. También nosotros estamos en medio de tareas concretas cuando algo nos llama a más. Seguir a Jesús no siempre exige dejar el trabajo, pero sí dejar que él entre en él y lo oriente. Andrés, cuya fiesta celebramos, nos recuerda que el discípulo es alguien que se deja encontrar y responde sin calcular demasiado.
Señor Jesús, tú pasas cerca de mí en lo cotidiano y me llamas por mi nombre. Dame un corazón como el de Andrés, capaz de dejar lo que me atrasa y seguirte sin tantas vueltas. Enséñame a reconocer tu voz en medio de mis tareas y a confiar en que tú me harás capaz de lo que me pides. Amén.
La Iglesia no reparte los pasajes al azar. Cada fecha del calendario litúrgico tiene su propia combinación de lecturas, y el evangelio que aparece en esta página es el que corresponde al día litúrgico que figura arriba. Por eso cambia de una fecha a otra, y por eso dos días seguidos pueden hablar de cosas muy distintas. Si lees este evangelio junto con la primera lectura y el salmo responsorial de la misma fecha, verás que los tres textos se iluminan entre sí: es la misma idea dicha primero por un profeta, después por un salmo y al final por Cristo.
Solicita una intención de misa
El evangelio de hoy, con la frase para recordarlo y la oración breve, está en la página del evangelio de hoy. Si buscas también la primera lectura y el salmo responsorial de esta misma fecha, entra en las lecturas del 30 de noviembre de 2026. Y el comentario largo del pasaje, en la página del evangelio del día.
Cuenta que Jesús, caminando junto al mar de Galilea, llama a dos pares de hermanos que trabajaban como pescadores: Simón Pedro y Andrés, y luego Santiago y Juan. Ellos dejan sus redes, la barca y a su padre para seguirlo de inmediato.
Jesús les habla a pescadores comunes que estaban en plena faena. Les pide que lo sigan y les promete convertirlos en pescadores de hombres. No busca expertos ni personas perfectas, sino gente dispuesta a dejar sus redes y aprender de él.
Significa que su oficio de pescar peces se orientará ahora a atraer personas hacia el Reino de Dios. No se trata de capturar para dominar, sino de anunciar con la vida y la palabra la buena noticia que han conocido, empezando por su propia familia y su entorno.
Puede revisar qué redes tiene entre manos y si alguna le impide responder a una llamada concreta: un servicio, un perdón, un tiempo de oración. También puede agradecer a las personas que lo acercaron a la fe, como Andrés acercó a su hermano, y dar el primer paso sin esperar a estar preparado.
El texto no dice que no tuvieran dudas, sino que la voz de Jesús les resultó más fuerte que la seguridad de lo conocido. La rapidez muestra confianza en quien llama, no improvisación. Seguir a Jesús siempre implica dejar algo, aunque no siempre sea material.
Otras fechas con el evangelio que se proclama en cada una y su meditación.
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El texto bíblico corresponde al Leccionario de la misa del rito romano. Meditación y oración: Online Catholic Mass.
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