Día litúrgico: Jueves de la 28.ª semana del Tiempo Ordinario · Santo del día: Santa Teresa de Ávila
Hoy es jueves de la vigésima octava semana del Tiempo Ordinario y la Iglesia recuerda a Santa Teresa de Ávila, maestra de oración. La liturgia nos regala el inicio de la Carta a los Efesios, un himno de bendición por nuestra elección en Cristo, y el Evangelio de San Lucas 11,47-54, donde Jesús denuncia la hipocresía de quienes honran a los profetas muertos mientras rechazan a los vivos.
Carta de San Pablo a los Efesios 1,1-10.
Pablo, Apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, saluda a los santos que creen en Cristo Jesús. Llegue a ustedes la gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.
Bendito sea Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bienes espirituales en el cielo, y nos ha elegido en él, antes de la creación del mundo, para que fuéramos santos e irreprochables en su presencia, por el amor.
El nos predestinó a ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo, conforme al beneplácito de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, que nos dio en su Hijo muy querido.
En él hemos sido redimidos por su sangre y hemos recibido el perdón de los pecados, según la riqueza de su gracia, que Dios derramó sobre nosotros, dándonos toda sabiduría y entendimiento.
El nos hizo conocer el misterio de su voluntad, conforme al designio misericordioso que estableció de antemano en Cristo, para que se cumpliera en la plenitud de los tiempos: reunir todas las cosas, las del cielo y las de la tierra, bajo un solo jefe, que es Cristo.
Salmo 98(97),1.2-3ab.3cd-4.5-6.
Canten al Señor un canto nuevo,
porque él hizo maravillas:
su mano derecha y su santo brazo
le obtuvieron la victoria.
El Señor manifestó su victoria,
reveló su justicia a los ojos de las naciones:
se acordó de su amor y su fidelidad
en favor del pueblo de Israel.
Los confines de la tierra han contemplado
el triunfo de nuestro Dios.
Aclame al Señor toda la tierra,
prorrumpan en cantos jubilosos.
Canten al Señor con el arpa
y al son de instrumentos musicales;
con clarines y sonidos de trompeta
aclamen al Señor, que es Rey.
Evangelio según San Lucas 11,47-54.
Dijo el Señor: «¡Ay de ustedes, que construyen los sepulcros de los profetas, a quienes sus mismos padres han matado! Así se convierten en testigos y aprueban los actos de sus padres: ellos los mataron y ustedes les construyen sepulcros.
Por eso la Sabiduría de Dios ha dicho: Yo les enviaré profetas y apóstoles: matarán y perseguirán a muchos de ellos. Así se pedirá cuenta a esta generación de la sangre de todos los profetas, que ha sido derramada desde la creación del mundo: desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, que fue asesinado entre el altar y el santuario. Sí, les aseguro que a esta generación se le pedirá cuenta de todo esto.
¡Ay de ustedes, doctores de la Ley, porque se han apoderado de la llave de la ciencia! No han entrado ustedes, y a los que quieren entrar, se lo impiden.»
Cuando Jesús salió de allí, los escribas y los fariseos comenzaron a acosarlo, exigiéndole respuesta sobre muchas cosas y tendiéndole trampas para sorprenderlo en alguna afirmación.
Jesús pronuncia tres «ay» contra los escribas y fariseos. Les reprocha construir sepulcros a los profetas que sus padres mataron, aprobando así esos crímenes. Luego anuncia que la Sabiduría de Dios enviará profetas y apóstoles, y muchos serán perseguidos. La generación actual cargará con la sangre derramada desde Abel hasta Zacarías. Finalmente, acusa a los doctores de la Ley de quedarse con «la llave de la ciencia»: no entran ellos ni dejan entrar a los demás. El detalle que estremece es que el culto a los profetas muertos puede esconder el rechazo a la verdad viva. Hoy también podemos venerar a los santos en imágenes y devociones, pero cerrar el corazón a quien nos habla en nombre de Dios, o negar a otros el acceso al conocimiento de la fe con nuestra incoherencia. La clave está en no aprobar el pasado con monumentos mientras repetimos la misma cerrazón. Santa Teresa de Ávila es un ejemplo de quien no se quedó con la llave guardada: buscó a Dios en lo íntimo y lo compartió. Su testimonio nos invita a dejar que la Palabra nos cuestione y a no convertir la religión en un sepulcro bonito. La primera lectura recuerda que fuimos elegidos para ser santos e irreprochables por el amor, no para atesorar privilegios. La santidad es dejar que Cristo viva en nosotros y abrir puertas, no cerrarlas.
Hoy, al orar, revisa si hay alguna persona a la que estés negando tu ayuda o tu testimonio por comodidad o miedo. Pide a Santa Teresa de Ávila que te enseñe a tratar a Cristo como amigo íntimo. Dedica unos minutos a leer despacio Efesios 1,1-10 y agradece en voz alta haber sido elegido en Cristo desde antes de la creación. Luego, busca una forma concreta de facilitar a alguien el acercamiento a la fe: una invitación, una palabra de aliento o un gesto de servicio.
Solicita una intención de misa
Jesús les dice «¡Ay de ustedes, que construyen los sepulcros de los profetas, a quienes sus mismos padres han matado!». Les reprocha honrar a los profetas muertos mientras aprueban la conducta de sus antepasados y rechazan a los enviados vivos.
San Pablo bendice a Dios porque nos eligió en Cristo antes de la creación del mundo para que fuéramos santos e irreprochables por el amor. Nos pide vivir con gratitud esa elección, sabiendo que hemos sido redimidos por su sangre y destinados a ser hijos adoptivos.
El salmo responsorial de este jueves es el Salmo 97, que proclama: «El Señor ha dado a conocer su salvación». Aunque no aparece en los textos que comentamos, la liturgia lo incluye para responder a la lectura de Efesios con alabanza.
Puedes orar agradeciendo tu elección en Cristo y pidiendo no ser como los doctores de la Ley que esconden la llave. Pide luz para reconocer a los profetas vivos que Dios pone en tu camino y valentía para no callar la verdad.
Jesús acusa a los doctores de la Ley de haberse apoderado de la llave de la ciencia: no entran ellos en el conocimiento de Dios ni dejan entrar a los que quieren. Es una advertencia contra toda autoridad religiosa que se vuelve obstáculo en lugar de puente.
El texto bíblico corresponde al Leccionario de la misa del rito romano. Reflexión y comentario: Online Catholic Mass.
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