Día litúrgico: Sábado de la 29.ª semana del Tiempo Ordinario · Santo del día: San Luis Guanella
Hoy es sábado de la vigésima novena semana del Tiempo Ordinario y la Iglesia recuerda a San Luis Guanella, sacerdote que dedicó su vida a los más pobres. Las lecturas nos hablan de los dones que Cristo reparte para construir su Cuerpo y de la paciencia de Dios que espera frutos.
Carta de San Pablo a los Efesios 4,7-16.
Hermanos: Cada uno de nosotros ha recibido su propio don, en la medida que Cristo los ha distribuido. Por eso dice la Escritura: Cuando subió a lo alto, llevó consigo a los cautivos y repartió dones a los hombres.
Pero si decimos que subió, significa que primero descendió a las regiones inferiores de la tierra. El que descendió es el mismo que subió más allá de los cielos, para colmar todo el universo.
El comunicó a unos el don de ser apóstoles, a otros profetas, a otros predicadores del Evangelio, a otros pastores o maestros. Así organizó a los santos para la obra del ministerio, en orden a la edificación del Cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, al estado de hombre perfecto y a la madurez que corresponde a la plenitud de Cristo.
Así dejaremos de ser niños, sacudidos por las olas y arrastrados por el viento de cualquier doctrina, a merced de la malicia de los hombres y de su astucia para enseñar el error.
Por el contrario, viviendo en la verdad y en el amor, crezcamos plenamente, unidos a Cristo. El es la Cabeza, y de él, todo el Cuerpo recibe unidad y cohesión, gracias a los ligamentos que lo vivifican y a la acción armoniosa de todos los miembros. Así el Cuerpo crece y se edifica en el amor.
Salmo 122(121),1-2.3-4a.4b-5.
¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la Casa del Señor!»
Nuestros pies ya están pisando
tus umbrales, Jerusalén.
Jerusalén, que fuiste construida
como ciudad bien compacta y armoniosa.
Allí suben las tribus,
las tribus del Señor.
Porque allí está el trono de la justicia,
el trono de la casa de David.
Evangelio según San Lucas 13,1-9.
En ese momento se presentaron unas personas que comentaron a Jesús el caso de aquellos galileos, cuya sangre Pilato mezcló con la de las víctimas de sus sacrificios.
El les respondió: "¿Creen ustedes que esos galileos sufrieron todo esto porque eran más pecadores que los demás? Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera.
¿O creen que las dieciocho personas que murieron cuando se desplomó la torre de Siloé, eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera".
Les dijo también esta parábola: "Un hombre tenía una higuera plantada en su viña. Fue a buscar frutos y no los encontró. Dijo entonces al viñador: 'Hace tres años que vengo a buscar frutos en esta higuera y no los encuentro. Córtala, ¿para qué malgastar la tierra?'.
Pero él respondió: 'Señor, déjala todavía este año; yo removeré la tierra alrededor de ella y la abonaré. Puede ser que así dé frutos en adelante. Si no, la cortarás'".
El evangelio de San Lucas 13,1-9 comienza con una noticia trágica: unos galileos asesinados por Pilato. La gente quiere saber si esas víctimas eran peores que los demás. Jesús desarma esa lógica. El sufrimiento no es un castigo automático por pecados concretos. Y luego añade una advertencia que sacude: «si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera». No señala a otros; nos señala a cada uno. La conversión no es opcional ni puede esperar a que otros cambien. Después viene la parábola de la higuera estéril. El dueño quiere cortarla tras tres años sin frutos. El viñador pide un año más, con cuidado y abono. Ese detalle es hermoso: la misericordia no es indiferencia, es tiempo concedido para dar fruto. Dios no nos corta de inmediato. Nos da oportunidades, pero espera algo de nosotros. La primera lectura de Efesios completa el cuadro. Cada uno ha recibido un don para edificar el Cuerpo de Cristo. No somos higueras aisladas. Nuestros dones existen para que otros crezcan y para que lleguemos juntos a la madurez de la fe. La paciencia de Dios con nosotros debería volverse paciencia y cuidado con los demás. San Luis Guanella entendió esto: acoger al abandonado, dar tiempo al que parece no dar fruto. La higuera de nuestra vida puede estar estéril en alguna área: una relación, una virtud, una misión. Hoy no se nos pide una cosecha inmediata, sino dejar que el Viñador remueva la tierra y abone. Convertirse es permitir ese trabajo, aunque duela.
Hoy dedica diez minutos a examinar una sola área de tu vida donde no estás dando fruto. No te condenes. Preséntala a Jesús con esta oración breve: «Señor, soy esa higuera. Remueve la tierra que necesito y dame un año más de tu paciencia». Luego elige un gesto pequeño y concreto que corresponda a ese abono: pedir perdón, retomar una oración abandonada o servir a alguien sin esperar nada.
Solicita una intención de misa
Jesús aclara que esas víctimas no eran más pecadoras que los demás. Su muerte no fue un castigo divino por culpa mayor. La advertencia es para todos: si no se convierten, también perecerán. El mal y la muerte no revelan automáticamente el juicio de Dios sobre una persona.
Pide reconocer que cada uno recibió un don de Cristo para edificar su Cuerpo. No son dones para guardar, sino para el ministerio y para que todos lleguen a la unidad de la fe y a la madurez en Cristo. Nadie se salva ni crece solo.
El salmo de hoy es el 121, que canta la alegría de ir a la casa del Señor. Nos invita a pedir paz para Jerusalén y a confiar en que Dios guarda a su pueblo. Es una respuesta de gozo a la invitación de subir al templo.
Puedes orar pidiendo luz para ver tu propia esterilidad sin compararte con otros. Luego agradece la paciencia del Viñador y ofrece un área concreta para que Él la trabaje. Termina pidiendo frutos que sirvan a la comunidad, no solo a ti.
Representa una vida que recibe cuidados pero no da frutos. El dueño quiere cortarla, pero el viñador intercede y pide tiempo con abono. La higuera muestra que Dios concede oportunidades, pero también espera conversión y obras. Su paciencia no anula la llamada a dar fruto.
El texto bíblico corresponde al Leccionario de la misa del rito romano. Reflexión y comentario: Online Catholic Mass.
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