Día litúrgico: Viernes de la 27.ª semana del Tiempo Ordinario · Santo del día: San John Henry Newman
Hoy es viernes de la vigésima séptima semana del Tiempo Ordinario y la Iglesia recuerda a San John Henry Newman. La liturgia nos propone la carta a los Gálatas y un pasaje de San Lucas donde Jesús responde a quienes lo acusan de expulsar demonios con el poder del príncipe de los demonios.
Carta de San Pablo a los Gálatas 3,7-14.
Hermanos: Reconozcan, entonces, que los verdaderos hijos de Abraham son los que tienen fe. La Escritura, previendo que Dios justificaría a los paganos por la fe, anticipó esta buena noticia a Abraham, prometiéndole: En ti serán bendecidas todas las naciones.
De esa manera, los que creen son los que participan de la bendición de Abraham, el creyente. En efecto, todos los que confían en las obras de la Ley están bajo una maldición, porque dice la Escritura: Maldito sea el que no cumple fielmente todo lo que está escrito en el libro de la Ley.
Es evidente que delante de Dios nadie es justificado por al Ley, ya que el justo vivirá por la fe. La Ley no tiene en cuenta la fe, antes bien, el que observa sus preceptos vivirá por ellos.
Cristo nos liberó de esta maldición de la Ley, haciéndose él mismo maldición por nosotros, porque también está escrito: Maldito el que está colgado en el patíbulo.
Y esto, para que la bendición de Abraham alcanzara a todos los paganos en Cristo Jesús, y nosotros recibiéramos por la fe el Espíritu prometido.
Salmo 111(110),1-2.3-4.5-6.
Doy gracias al Señor de todo corazón,
en la reunión y en la asamblea de los justos.
Grandes son las obras del Señor:
los que las aman desean comprenderlas.
Su obra es esplendor y majestad,
su justicia permanece para siempre.
Él hizo portentos memorables,
el Señor es bondadoso y compasivo.
Proveyó de alimento a sus fieles
y se acuerda eternamente de su alianza.
Manifestó a su pueblo el poder de sus obras,
dándole la herencia de las naciones.
Evangelio según San Lucas 11,15-26.
Habiendo Jesús expulsado un demonio, algunos de entre la muchedumbre decían: "Este expulsa a los demonios por el poder de Belzebul, el Príncipe de los demonios".
Otros, para ponerlo a prueba, exigían de él un signo que viniera del cielo. Jesús, que conocía sus pensamientos, les dijo: "Un reino donde hay luchas internas va a la ruina y sus casas caen una sobre otra.
Si Satanás lucha contra sí mismo, ¿cómo podrá subsistir su reino? Porque -como ustedes dicen- yo expulso a los demonios con el poder de Belzebul. Si yo expulso a los demonios con el poder de Belzebul, ¿con qué poder los expulsan los discípulos de ustedes? Por eso, ustedes los tendrán a ellos como jueces.
Pero si yo expulso a los demonios con la fuerza del dedo de Dios, quiere decir que el Reino de Dios ha llegado a ustedes. Cuando un hombre fuerte y bien armado hace guardia en su palacio, todas sus posesiones están seguras, pero si viene otro más fuerte que él y lo domina, le quita el arma en la que confiaba y reparte sus bienes.
El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama. Cuando el espíritu impuro sale de un hombre, vaga por lugares desiertos en busca de reposo, y al no encontrarlo, piensa: 'Volveré a mi casa, de donde salí'.
Cuando llega, la encuentra barrida y ordenada. Entonces va a buscar a otros siete espíritus peores que él; entran y se instalan allí. Y al final, ese hombre se encuentra peor que al principio".
El evangelio de hoy muestra a Jesús enfrentando dos reacciones distintas ante un mismo hecho: la curación de un hombre poseído. Unos lo acusan de actuar con el poder del mal; otros le piden una señal del cielo para ponerlo a prueba. Jesús no se defiende con argumentos complicados. Responde con lógica sencilla: un reino dividido no puede sostenerse, y si él expulsa demonios con el dedo de Dios, entonces el Reino ya está presente entre ellos. Lo que llama la atención es la segunda parte del pasaje. Jesús habla de un espíritu impuro que sale de un hombre, vaga sin descanso y decide volver. Encuentra la casa barrida y ordenada, pero vacía. Entonces trae consigo otros siete espíritus peores. El final de ese hombre queda peor que al principio. Esta imagen es fuerte y muy realista. No basta con limpiar la vida de lo malo; hace falta llenarla de algo bueno. Una casa ordenada pero vacía es una invitación abierta. La fe no consiste solo en dejar atrás el pecado, sino en acoger a quien da sentido a todo lo demás. Jesús dice también: «El que no está conmigo, está contra mí». No hay terreno neutral. La vida cristiana se juega en decisiones concretas, en llenar el corazón de oración, de servicio, de comunidad, para que el mal no encuentre un espacio disponible.
Hoy dedica unos minutos a revisar qué has dejado vacío en tu vida después de algún cambio o esfuerzo. No te quedes solo en quitar lo malo. Llena ese espacio con un acto concreto de oración, una visita al Santísimo o una llamada a alguien que necesite compañía. Pide a Dios que su presencia ocupe el lugar que antes tenía aquello que dejaste atrás.
Solicita una intención de misa
Jesús responde a quienes lo acusan de actuar con el poder de Belzebul. Explica que un reino dividido no subsiste y que si él expulsa demonios con el dedo de Dios, el Reino ya está entre nosotros. No busca señales espectaculares, sino que invita a reconocer la acción de Dios en lo cotidiano.
San Pablo afirma que los verdaderos hijos de Abraham son los que tienen fe. La ley no justifica por sí sola; el justo vivirá por la fe. Cristo nos liberó de la maldición de la ley haciéndose maldición por nosotros. La salvación es un don que se recibe con confianza, no un logro por cumplir normas.
El salmo responsorial de hoy no aparece en los textos proporcionados. Puedes consultarlo en tu misal o en la aplicación de la parroquia. Suele elegirse un salmo que dialoga con la primera lectura, en este caso relacionado con la bendición de Abraham y la justificación por la fe.
Puedes orar pidiendo luz para reconocer qué espacios de tu corazón están ordenados pero vacíos. Pide a Dios que los llene con su presencia. También puedes agradecer el don de la fe, que no depende de tus fuerzas, y pedir constancia para no quedarte solo en limpiar, sino en habitar con Cristo.
Jesús advierte que dejar la vida limpia pero vacía es peligroso. El espíritu impuro vuelve y trae otros peores. La enseñanza es que la conversión no termina en dejar el mal, sino en llenar la vida con Dios, con oración, con comunidad y con obras buenas que ocupen ese lugar.
El texto bíblico corresponde al Leccionario de la misa del rito romano. Reflexión y comentario: Online Catholic Mass.
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