Día litúrgico: Miércoles de la 29.ª semana del Tiempo Ordinario · Santo del día: San Malco de Maronea
Hoy, miércoles de la vigésima novena semana del Tiempo Ordinario, la Iglesia nos invita a dejar que la Palabra de Dios ilumine nuestra espera. En la carta a los Efesios, Pablo descubre el plan escondido de Dios: todos, también los paganos, formamos un solo cuerpo en Cristo. El evangelio de San Lucas 12,39-48 nos llama a vivir con el corazón despierto, administrando con fidelidad lo que se nos ha confiado.
Carta de San Pablo a los Efesios 3,2-12.
Hermanos: Seguramente habrán oído hablar de la gracia de Dios, que me ha sido dispensada en beneficio de ustedes. Fue por medio de una revelación como se me dio a conocer este misterio, tal como acabo de exponérselo en pocas palabras.
Al leerlas, se darán cuenta de la comprensión que tengo del misterio de Cristo, que no fue manifestado a las generaciones pasadas, pero que ahora ha sido revelado por medio del Espíritu a sus santos apóstoles y profetas.
Este misterio consiste en que también los paganos participan de una misma herencia, son miembros de un mismo Cuerpo y beneficiarios de la misma promesa en Cristo Jesús, por medio del Evangelio.
De este Evangelio, yo fui constituido ministro por el don de la gracia que recibí de Dios, en virtud de la eficacia de su poder. Yo, el menor de todos los santos, he recibido la gracia de anunciar a los paganos la insondable riqueza de Cristo, y poner de manifiesto la dispensación del misterio que estaba oculto desde siempre en Dios, el creador de todas las cosas, para que los Principados y las Potestades celestiales conozcan la infinita variedad de la sabiduría de Dios por medio de la Iglesia.
Este es el designio que Dios concibió desde toda la eternidad en Cristo Jesús, nuestro Señor, por quien nos atrevemos a acercarnos a Dios con toda confianza, mediante la fe en él.
Libro de Isaías 12,2-3.4bcd.5-6.
Este es el Dios de mi salvación:
yo tengo confianza y no temo,
porque el Señor es mi fuerza y mi protección;
él fue mi salvación.
Ustedes sacarán agua con alegría
de las fuentes de la salvación.
Den gracias al Señor, invoquen su Nombre,
anuncien entre los pueblos sus proezas,
proclamen qué sublime es su Nombre.
Canten al Señor porque ha hecho algo grandioso:
¡que sea conocido en toda la tierra!
¡Aclama y grita de alegría, habitante de Sión,
porque es grande en medio de ti
el Santo de Israel!
Evangelio según San Lucas 12,39-48.
Jesús dijo a sus discípulos: "Entiéndanlo bien: si el dueño de casa supiera a qué hora va llegar el ladrón, no dejaría perforar las paredes de su casa.
Ustedes también estén preparados, porque el Hijo del hombre llegará a la hora menos pensada". Pedro preguntó entonces: "Señor, ¿esta parábola la dices para nosotros o para todos?".
El Señor le dijo: "¿Cuál es el administrador fiel y previsor, a quien el Señor pondrá al frente de su personal para distribuirle la ración de trigo en el momento oportuno?
¡Feliz aquel a quien su señor, al llegar, encuentre ocupado en este trabajo! Les aseguro que lo hará administrador de todos sus bienes. Pero si este servidor piensa: 'Mi señor tardará en llegar', y se dedica a golpear a los servidores y a las sirvientas, y se pone a comer, a beber y a emborracharse, su señor llegará el día y la hora menos pensada, lo castigará y le hará correr la misma suerte que los infieles.
El servidor que, conociendo la voluntad de su señor, no tuvo las cosas preparadas y no obró conforme a lo que él había dispuesto, recibirá un castigo severo.
Pero aquel que sin saberlo, se hizo también culpable, será castigado menos severamente. Al que se le dio mucho, se le pedirá mucho; y al que se le confió mucho, se le reclamará mucho más."
El evangelio de hoy nos habla de una espera que no puede ser pereza. Jesús compara su venida con la llegada imprevista de un ladrón y con el regreso de un señor que confió tareas a su servidor. No sabemos la hora, pero sí sabemos que Él vendrá. La pregunta no es cuándo, sino cómo nos encontrará. El detalle que más me llama la atención es que el Señor no pide grandes hazañas, sino algo muy concreto: «distribuirle la ración de trigo en el momento oportuno». Es decir, hacer bien lo de cada día, cuidar a los que dependen de nosotros, sostener la vida de los hermanos. El servidor fiel no vive mirando el reloj ni calculando el interés personal. Vive ocupado en el amor. En cambio, el servidor infiel se cansa de esperar y empieza a golpear, a comer y a emborracharse. La demora del señor se convierte en excusa para maltratar y para olvidarse de los demás. Cuántas veces nosotros también pensamos que Dios tarda, que no pasa nada, y entonces nos relajamos, herimos o nos encerramos en nosotros mismos. La vigilancia no es miedo, es amor atento. Es vivir cada jornada como si fuera la última, pero no por angustia, sino por intensidad de entrega. La frase final del pasaje es exigente: «Al que se le dio mucho, se le pedirá mucho». A cada uno se le confió algo: tiempo, salud, familia, trabajo, fe. No somos dueños, somos administradores. Y la medida de nuestra fidelidad es la generosidad con que repartimos lo que recibimos. Este evangelio nos invita a revisar nuestra espera. ¿Estamos ocupados en lo que Dios nos confió o entretenidos en lo que nos aparta de Él? La llegada del Señor es certeza, no amenaza. Vivamos con las manos abiertas, sirviendo, sabiendo que el mismo Cristo que vendrá es quien hoy nos sostiene.
Hoy dedica unos minutos a revisar tu jornada. Pregúntate: ¿qué me confió Dios para cuidar? Puede ser una persona, un trabajo, una responsabilidad pequeña. Elige una acción concreta para hacerla con amor, aunque nadie te vea. Al terminar el día, agradece a Dios por la oportunidad de servirle en lo cotidiano y pídele un corazón despierto para reconocerlo cuando llegue.
Solicita una intención de misa
Jesús nos pide estar preparados porque el Hijo del hombre llegará a la hora menos pensada. La vigilancia no es angustia, sino una actitud de amor atento que cumple fielmente con lo encomendado, sin dejarse llevar por la pereza o la indiferencia.
San Pablo explica que el misterio de Cristo consiste en que también los paganos participan de la misma herencia y forman un solo cuerpo. La gracia de Dios se da en beneficio de todos, y Pablo se reconoce ministro de ese Evangelio por puro don divino.
El salmo responsorial de hoy proclama que el Señor es justo y recto, y que sus caminos son verdad. Nos ayuda a confiar en la fidelidad de Dios y a responder con un corazón agradecido, reconociendo que sus juicios son santos y nos guían hacia la vida.
Puedes orar pidiendo luz para reconocer lo que Dios te ha confiado y valor para administrarlo con fidelidad. Repite en tu corazón: «Señor, ayúdame a esperarte sirviendo». Ofrece tu jornada como un acto de amor atento a su venida.
Significa que Dios nos confía dones y responsabilidades según su sabiduría, y espera que los usemos para el bien de los demás. La fidelidad no se mide por lo que tenemos, sino por el amor con que repartimos lo recibido, especialmente a los más necesitados.
El texto bíblico corresponde al Leccionario de la misa del rito romano. Reflexión y comentario: Online Catholic Mass.
🕯
Support Our Mission
Your donation helps us continue daily Mass and spiritual support worldwide.
♥ Donate NowEvery gift — large or small — makes a difference.