Día litúrgico: Jueves de la 29.ª semana del Tiempo Ordinario · Santo del día: San Juan Pablo II
Hoy es jueves de la vigésima novena semana del Tiempo Ordinario, y la Iglesia celebra a San Juan Pablo II. Las lecturas nos llevan del deseo ardiente de Pablo por la fortaleza interior a las palabras exigentes de Jesús sobre el fuego y la división. Ambas nos invitan a dejar que la fe toque lo más hondo de la vida.
Carta de San Pablo a los Efesios 3,14-21.
Hermanos: Doblo mis rodillas delante del Padre, de quien procede toda paternidad en el cielo y en la tierra. Que él se digne fortificarlos por medio de su Espíritu, conforme a la riqueza de su gloria, para que crezca en ustedes el hombre interior.
Que Cristo habite en sus corazones por la fe, y sean arraigados y edificados en el amor. Así podrán comprender, con todos los santos, cuál es la anchura y la longitud, la altura y la profundidad, en una palabra, ustedes podrán conocer el amor de Cristo, que supera todo conocimiento, para ser colmados por la plenitud de Dios.
¡A aquel que es capaz de hacer infinitamente más de lo que podemos pedir o pensar, por el poder que obra en nosotros, a él sea la gloria en la Iglesia y en Cristo Jesús, por todas las generaciones y para siempre! Amén.
Salmo 33(32),1-2.4-5.11-12.18-19.
Aclamen, justos, al Señor:
es propio de los buenos alabarlo.
Alaben al Señor con la cítara,
toquen en su honor el arpa de diez cuerdas.
Porque la palabra del Señor es recta
y él obra siempre con lealtad;
él ama la justicia y el derecho,
y la tierra está llena de su amor.
pero el designio del Señor
permanece para siempre,
y sus planes, a lo largo de las generaciones.
¡Feliz la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se eligió como herencia!
Los ojos del Señor están fijos sobre sus fieles,
sobre los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y sustentarlos en el tiempo de indigencia.
Evangelio según San Lucas 12,49-53.
Jesús dijo a sus discípulos: "Yo he venido a traer fuego sobre la tierra, ¡y cómo desearía que ya estuviera ardiendo! Tengo que recibir un bautismo, ¡y qué angustia siento hasta que esto se cumpla plenamente!
¿Piensan ustedes que he venido a traer la paz a la tierra? No, les digo que he venido a traer la división. De ahora en adelante, cinco miembros de una familia estarán divididos, tres contra dos y dos contra tres: el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra".
El evangelio de hoy sorprende. Jesús habla de fuego, de un bautismo que lo angustia y de división en las familias. No es el tono suave al que a veces reducimos su mensaje. Él dice: «Yo he venido a traer fuego sobre la tierra, ¡y cómo desearía que ya estuviera ardiendo!». Ese fuego no destruye: purifica, enciende, obliga a decidir. Jesús no vino a instalar una paz superficial, esa que evita conflictos a cualquier precio. Vino a poner sobre la mesa una verdad que divide, porque el amor a Dios puede enfrentarse a los afectos más queridos. La división de la que habla no es un ideal, es una consecuencia dolorosa de seguirlo. Y sin embargo, el mismo Jesús que anuncia esta tensión es el que Pablo describe como amor que supera todo conocimiento. La clave está en no quedarnos en la superficie. La fe verdadera remueve la casa, las relaciones, las prioridades. No se trata de buscar pleitos, sino de no traicionar la conciencia cuando el evangelio pide más. Hoy, como ayer, seguir a Cristo puede costar incomprensión dentro de la propia familia. Pero ese fuego, aunque queme, es el que nos hace crecer como hombres y mujeres nuevos, arraigados y edificados en el amor.
Hoy, antes de cualquier otra oración, pregúntate dónde está tu fuego. ¿Qué has dejado tibio por miedo al conflicto? Dedica diez minutos a hablar con Jesús sobre esa área concreta de tu vida: una relación, una decisión pendiente, una verdad que callas. Pídele que encienda en ti lo que debe arder y que te dé valentía para sostener la paz que él da, no la que el mundo ofrece.
Solicita una intención de misa
Jesús anuncia que ha venido a traer fuego a la tierra y desea que ya esté ardiendo. Habla de un bautismo que debe recibir y de la angustia que siente. Luego advierte que no trae paz superficial, sino división, incluso dentro de las familias más cercanas.
Pablo se arrodilla ante el Padre y pide que los creyentes sean fortificados por el Espíritu, que Cristo habite en sus corazones por la fe y que, arraigados en el amor, comprendan la anchura, longitud, altura y profundidad del amor de Cristo, que supera todo conocimiento.
El salmo responsorial de hoy no aparece en las lecturas proporcionadas. Puedes acudir a la liturgia de la palabra completa para encontrarlo. Mientras tanto, la primera lectura y el evangelio ya ofrecen materia abundante para la oración personal y comunitaria de este jueves.
Empieza pidiendo al Espíritu que te fortalezca por dentro, como pide Pablo. Luego lee despacio el evangelio y pregúntate qué fuego necesita arder en tu vida. Termina agradeciendo el amor de Cristo que supera todo conocimiento y pide valentía para no enfriar tu fe.
Porque su mensaje exige una decisión personal que puede chocar con expectativas familiares o sociales. La paz que él da no es ausencia de conflictos, sino reconciliación con Dios. Seguirlo a veces separa, no por gusto de pleito, sino porque la verdad del evangelio no admite medias tintas.
El texto bíblico corresponde al Leccionario de la misa del rito romano. Reflexión y comentario: Online Catholic Mass.
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