Día litúrgico: Viernes de la 28.ª semana del Tiempo Ordinario · Santo del día: San José Gabriel del Rosario Brochero --
Hoy es viernes de la vigésima octava semana del Tiempo Ordinario. La liturgia nos regala un mensaje de identidad y confianza: somos herederos en Cristo y marcados por el Espíritu Santo, y el evangelio nos llama a vivir sin hipocresía, sabiendo que Dios cuida de nosotros con amor de Padre.
Carta de San Pablo a los Efesios 1,11-14.
Hermanos: En Cristo hemos sido constituidos herederos, y destinados de antemano -según el previo designio del que realiza todas las cosas conforme a su voluntad- a ser aquellos que han puesto su esperanza en Cristo, para alabanza de su gloria.
En él, ustedes, los que escucharon la Palabra de al verdad, la Buena Noticia de la salvación, y creyeron en ella, también han sido marcados con un sello por el Espíritu Santo prometido.
Ese Espíritu es el anticipo de nuestra herencia y prepara la redención del pueblo que Dios adquirió para sí, para alabanza de su gloria.
Salmo 33(32),1-2.4-5.12-13.
Aclamen, justos, al Señor:
es propio de los buenos alabarlo.
Alaben al Señor con la cítara,
toquen en su honor el arpa de diez cuerdas.
Porque la palabra del Señor es recta
y él obra siempre con lealtad;
él ama la justicia y el derecho,
y la tierra está llena de su amor.
¡Feliz la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se eligió como herencia!
El Señor observa desde el cielo
y contempla a todos los hombres.
Evangelio según San Lucas 12,1-7.
Se reunieron miles de personas, hasta el punto de atropellarse unos a otros. Jesús comenzó a decir, dirigiéndose primero a sus discípulos: "Cuídense de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía.
No hay nada oculto que no deba ser revelado, ni nada secreto que no deba ser conocido. Por eso, todo lo que ustedes han dicho en la oscuridad, será escuchado en pleno día; y lo que han hablado al oído, en las habitaciones más ocultas, será proclamado desde lo alto de las casas.
A ustedes, mis amigos, les digo: No teman a los que matan el cuerpo y después no pueden hacer nada más. Yo les indicaré a quién deben temer: teman a aquel que, después de matar, tiene el poder de arrojar a la Gehena. Sí, les repito, teman a ese.
¿No se venden acaso cinco pájaros por dos monedas? Sin embargo, Dios no olvida a ninguno de ellos. Ustedes tienen contados todos sus cabellos: no teman, porque valen más que muchos pájaros."
Jesús habla a sus discípulos en medio de una multitud ansiosa. Les advierte contra la levadura de los fariseos, que es la hipocresía. Esa levadura crece en silencio y contamina toda la masa. El Señor no quiere seguidores de doble cara, sino personas transparentes. «No hay nada oculto que no deba ser revelado», dice. La verdad siempre sale a la luz, tarde o temprano. Por eso, lo que susurramos en la oscuridad será proclamado desde lo alto. No se trata de un amenaza, sino de una invitación a vivir en la verdad, sin miedo a ser vistos tal como somos.
Luego Jesús se dirige a sus amigos: «No teman a los que matan el cuerpo». El único temor razonable es perder la comunión con Dios. Pero enseguida consuela: Dios no olvida ni a un solo pájaro de los que se venden por dos monedas. Y ustedes valen mucho más. Incluso tiene contados los cabellos de nuestra cabeza. Es una imagen de un cuidado extremo, personal, cariñoso. No somos un número para Dios; somos sus hijos amados.
Este evangelio toca fibras hondas: la lucha contra la hipocresía y el miedo. Cuántas veces actuamos para quedar bien, ocultando lo que somos. Otras veces el temor al qué dirán nos paraliza. Jesús nos libera de ambas cosas. Nos pide sinceridad y nos regala confianza. La primera lectura añade que hemos sido sellados con el Espíritu Santo, que es el anticipo de nuestra herencia. Ese sello nos da seguridad: pertenecemos a Dios. No hay nada que temer si vivimos en la verdad y confiamos en su amor providente.
Hoy examina tu corazón ante Dios. Pídele luz para ver esas zonas donde actúas con hipocresía o donde el miedo te frena. Reza con confianza: «Señor, tú tienes contados mis cabellos; ayúdame a vivir sin máscaras». Elige un momento del día para hacer un acto de sinceridad, aunque sea pequeño, y confía en que Dios cuida de ti.
Solicita una intención de misa
Jesús llama levadura de los fariseos a la hipocresía. Es una actitud que se esconde y contamina. Así como la levadura fermenta la masa, la hipocresía corrompe la vida espiritual. El Señor nos pide coherencia y transparencia.
La primera lectura dice que fuimos marcados con un sello por el Espíritu prometido. Ese sello es la presencia de Dios en nosotros, garantía de que le pertenecemos y anticipo de la herencia eterna. Nos da identidad y seguridad como hijos.
El salmo de hoy proclama que el Señor es nuestra heredad y nuestro cáliz. Expresa confianza en Dios, que nos guía y nos llena de gozo. Es una respuesta de fe a la lectura de Efesios, que nos llama herederos en Cristo.
Puedes orar agradeciendo el sello del Espíritu Santo y pidiendo sinceridad. Repite despacio: «Señor, tú tienes contados mis cabellos». Deja que esas palabras disipen tus miedos y te llenen de confianza en su cuidado.
Jesús dice que Dios no olvida ni a un pájaro vendido por dos monedas, y que nosotros valemos más. Incluso tiene contados los cabellos de nuestra cabeza. Es una imagen de un amor atento y personal, que conoce cada detalle de nuestra vida.
El texto bíblico corresponde al Leccionario de la misa del rito romano. Reflexión y comentario: Online Catholic Mass.
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