Día litúrgico: Jueves de la 30.ª semana del Tiempo Ordinario · Santo del día: Beata Madre María Berenice Duque
Hoy es jueves de la trigésima semana del Tiempo Ordinario y la Iglesia recuerda a la Beata Madre María Berenice Duque. La liturgia nos regala un llamado a la fortaleza espiritual en la carta a los Efesios y un pasaje del evangelio de San Lucas donde Jesús muestra su determinación y su dolor por Jerusalén.
Carta de San Pablo a los Efesios 6,10-20.
Hermanos, fortalézcanse en el Señor con la fuerza de su poder. Revístanse con la armadura de Dios, para que puedan resistir las insidias del demonio. Porque nuestra lucha no es contra enemigos de carne y sangre, sino contra los Principados y Potestades, contra los Soberanos de este mundo de tinieblas, contra los espíritus del mal que habitan en el espacio.
Por lo tanto, tomen la armadura de Dios, para que puedan resistir en el día malo y mantenerse firmes después de haber superado todos los obstáculos. Permanezcan de pie, ceñidos con el cinturón de la verdad y vistiendo la justicia como coraza.
Calcen sus pies con el celo para propagar la Buena Noticia de la paz. Tengan siempre en la mano el escudo de la fe, con el que podrán apagar todas las flechas encendidas del Maligno.
Tomen el casco de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios. Eleven constantemente toda clase de oraciones y súplicas, animados por el Espíritu. Dedíquense con perseverancia incansable a interceder por todos los hermanos, y también por mí, a fin de que encuentre palabras adecuadas para anunciar resueltamente el misterio del Evangelio, del cual yo soy embajador en medio de mis cadenas. ¡Así podré hablar libremente de él, como debo hacerlo!
Salmo 144(143),1.2.9-10.
Bendito sea el Señor, mi Roca,
el que adiestra mis brazos para el combate
y mis manos para la lucha.
El es mi bienhechor y mi fortaleza,
mi baluarte y mi libertador;
él es el escudo con que me resguardo,
y el que somete los pueblos a mis pies.
Dios mío, yo quiero cantarte un canto nuevo
y tocar para ti con el arpa de diez cuerdas,
porque tú das la victoria a los reyes
y libras a David, tu servidor.
Evangelio según San Lucas 13,31-35.
En ese momento se acercaron algunos fariseos que le dijeron: "Aléjate de aquí, porque Herodes quiere matarte". El les respondió: "Vayan a decir a ese zorro: hoy y mañana expulso a los demonios y realizo curaciones, y al tercer día habré terminado.
Pero debo seguir mi camino hoy, mañana y pasado, porque no puede ser que un profeta muera fuera de Jerusalén. ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise reunir a tus hijos, como la gallina reúne bajo sus alas a los pollitos, y tú no quisiste!
Por eso, a ustedes la casa les quedará vacía. Les aseguro que ya no me verán más, hasta que llegue el día en que digan: ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!".
El evangelio de hoy nos muestra a Jesús enfrentando una amenaza con serenidad. Unos fariseos le advierten que Herodes quiere matarlo, pero él no huye. Responde con una imagen que desconcierta: llama a Herodes «ese zorro» y anuncia que seguirá su camino hasta completar su misión. Lo que llama la atención es que Jesús no se detiene ante el peligro, pero tampoco responde con violencia. Su mirada se vuelve hacia Jerusalén, la ciudad que mata a los profetas, y deja escapar un lamento lleno de ternura: «¡Cuántas veces quise reunir a tus hijos, como la gallina reúne bajo sus alas a los pollitos, y tú no quisiste!». Es la imagen de un Dios que desea proteger, cobijar, dar vida, pero que respeta nuestra libertad. La gallina que extiende sus alas es figura de Cristo mismo, que no se impone, sino que espera que queramos refugiarnos en él. Hoy también nosotros podemos resistirnos a su cuidado. Preferimos caminar solos, resolver todo con nuestras fuerzas, y así la casa queda vacía. La primera lectura complementa esta escena: Pablo nos pide revestirnos con la armadura de Dios, porque la lucha no es contra personas, sino contra fuerzas que nos quieren apartar del amor. Esa armadura no es para atacar, es para permanecer firmes en la verdad, la justicia, la fe y la paz. El grito final de Jesús, «¡Bendito el que viene en nombre del Señor!», Es una promesa: volverá, y entonces reconoceremos su visita. Mientras tanto, él sigue caminando hacia Jerusalén, hacia la cruz, por amor a cada uno de nosotros.
Hoy dedica unos minutos a imaginar que estás bajo las alas de Jesús, como el pollito que busca refugio. Dile en voz baja lo que te preocupa y déjalo ahí. Luego, revisa si hay alguna área de tu vida donde prefieras hacer tu voluntad en lugar de la suya. Pídele la gracia de querer ser reunido por él, y da un paso concreto de obediencia o de reconciliación.
Solicita una intención de misa
Jesús no se deja intimidar por la advertencia de los fariseos. Llama a Herodes «ese zorro» y afirma que continuará su misión de expulsar demonios y curar hasta completarla. No huye ni responde con violencia; sigue firme en el camino que el Padre le ha trazado, mostrando total confianza y libertad interior.
San Pablo pide fortalecerse en el Señor y revestirse con la armadura de Dios: verdad, justicia, fe, salvación y la Palabra. No es una lucha contra personas, sino contra los espíritus del mal. Nos anima a permanecer firmes, orando constantemente, para resistir en el día malo y propagar la Buena Noticia de la paz.
El salmo responsorial de hoy es el Salmo 143, que nos enseña a pedirle a Dios que nos instruya en su voluntad y nos guíe por camino llano. Reconoce que el Señor es nuestro refugio y fortaleza, y nos invita a confiar en su ayuda para caminar con rectitud y experimentar su bondad.
Puedes comenzar pidiendo al Espíritu Santo que te muestre qué áreas de tu vida necesitan la armadura de Dios. Luego, ora con la imagen de la gallina que cobija a sus pollitos: pídele a Jesús que te reúna bajo sus alas y te proteja. Termina agradeciendo su paciencia y pidiendo firmeza para seguirle.
Es una expresión de alabanza que el pueblo de Israel usaba para recibir a los enviados de Dios. Jesús la aplica a su propia venida y anuncia que será reconocido así en el futuro. Para nosotros, es un llamado a recibirlo con fe cuando venga a nuestro encuentro, y una promesa de que su presencia no se impone, sino que se acoge.
El texto bíblico corresponde al Leccionario de la misa del rito romano. Reflexión y comentario: Online Catholic Mass.
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