Lecturas del 19 de octubre de 2026

Día litúrgico: Lunes de la 29.ª semana del Tiempo Ordinario · Santo del día: San Joel Profeta

Hoy es lunes de la vigésima novena semana del Tiempo Ordinario, y la liturgia nos regala un contraste lleno de esperanza. La primera lectura, tomada de la Carta a los Efesios, nos recuerda que pasamos de la muerte a la vida por pura misericordia de Dios. El Evangelio según San Lucas 12,13-21 nos advierte sobre la avaricia con la parábola del hombre que acumuló riquezas sin ser rico ante Dios.

Primera lectura de hoy

Carta de San Pablo a los Efesios 2,1-10.

Hermanos: Ustedes estaban muertos a causa de las faltas y pecados que cometían, cuando vivían conforme al criterio de este mundo, según el Príncipe que domina en el espacio, el mismo Espíritu que sigue actuando en aquellos que se rebelan.

Todos nosotros también nos comportábamos así en otro tiempo, viviendo conforme a nuestros deseos carnales y satisfaciendo las apetencias de la carne y nuestras malas inclinaciones, de manera que por nuestra condición estábamos condenados a la ira, igual que los demás.

Pero Dios, que es rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, precisamente cuando estábamos muertos a causa de nuestros pecados, nos hizo revivir con Cristo -¡ustedes han sido salvados gratuitamente!- y con Cristo Jesús nos resucitó y nos hizo reinar con él en el cielo.

Así, Dios ha querido demostrar a los tiempos futuros la inmensa riqueza de su gracia por el amor que nos tiene en Cristo Jesús. Porque ustedes han sido salvados por su gracia, mediante la fe. Esto no proviene de ustedes, sino que es un don de Dios; y no es el resultado de las obras, para que nadie se gloríe.

Nosotros somos creación suya: fuimos creados en Cristo Jesús, a fin de realizar aquellas buenas obras, que Dios preparó de antemano para que las practicáramos.

Salmo responsorial de hoy

Salmo 100(99),2.3.4.5.

Sirvan al Señor con alegría,
lleguen hasta él con cantos jubilosos.
Reconozcan que el Señor es Dios:
él nos hizo y a él pertenecemos;
somos su pueblo y ovejas de su rebaño.
Entren por sus puertas dando gracias,
entren en sus atrios con himnos de alabanza,
alaben al Señor y bendigan su Nombre.
¡Qué bueno es el Señor!
Su misericordia permanece para siempre,
y su fidelidad por todas las generaciones.

Evangelio de hoy

Evangelio según San Lucas 12,13-21.

En aquel tiempo: Uno de la multitud le dijo: "Maestro, dile a mi hermano que comparta conmigo la herencia". Jesús le respondió: "Amigo, ¿quién me ha constituido juez o árbitro entre ustedes?".

Después les dijo: "Cuídense de toda avaricia, porque aún en medio de la abundancia, la vida de un hombre no está asegurada por sus riquezas". Les dijo entonces una parábola: "Había un hombre rico, cuyas tierras habían producido mucho, y se preguntaba a sí mismo: '¿Qué voy a hacer? No tengo dónde guardar mi cosecha'.

Después pensó: 'Voy a hacer esto: demoleré mis graneros, construiré otros más grandes y amontonaré allí todo mi trigo y mis bienes, y diré a mi alma: Alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe y date buena vida'.

Pero Dios le dijo: 'Insensato, esta misma noche vas a morir. ¿Y para quién será lo que has amontonado?'. Esto es lo que sucede al que acumula riquezas para sí, y no es rico a los ojos de Dios".

Reflexión del evangelio de hoy

Jesús no se deja arrastrar por la disputa de herencias. Alguien le pide que sea árbitro, y él aprovecha para desenmascarar una raíz más profunda: la avaricia. No condena los bienes, sino la necedad de poner el corazón en ellos. El hombre de la parábola habla consigo mismo, hace planes, se siente seguro. Su error no es tener una buena cosecha, sino creer que su vida depende de lo que ha almacenado. «Alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe y date buena vida». Esa voz interior suena lógica, incluso prudente. Pero Dios le llama insensato porque esa misma noche le pedirán su vida. La riqueza que no se comparte ni se pone en manos de Dios es una falsa seguridad. La primera lectura ilumina esta escena: estábamos muertos por nuestros pecados, y Dios, rico en misericordia, nos dio vida con Cristo. La verdadera riqueza es la gracia, no la acumulación. La vida no está asegurada por los bienes, sino por el amor de Dios que nos resucita. Para quien lee esto hoy, la pregunta no es cuánto tengo, sino en qué confío. ¿Mis planes giran solo en torno a mí? ¿Comparto lo que soy y lo que tengo? La invitación es a ser rico a los ojos de Dios, invirtiendo en el amor, en la justicia, en la comunión con los demás.

Cómo vivir las lecturas de hoy

Hoy, antes de dormir, revisa tu día: ¿confiaste en tus propias fuerzas o en Dios? Toma un momento para agradecer lo que tienes y elige un bien concreto que puedas compartir mañana: una limosna, tu tiempo, una palabra de aliento. Ofrece esa acción como un acto de confianza en la providencia.

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Preguntas frecuentes sobre las lecturas de hoy

¿Qué dice el evangelio de hoy sobre la avaricia?

Jesús advierte: «Cuídense de toda avaricia, porque aún en medio de la abundancia, la vida de un hombre no está asegurada por sus riquezas». La avaricia es confiar en lo acumulado más que en Dios, y termina dejando el alma vacía.

¿Qué pide la primera lectura de Efesios 2,1-10?

Pide reconocer que estábamos muertos por nuestros pecados y que Dios, por su gran amor y misericordia, nos dio vida con Cristo. No es un logro nuestro, sino un regalo gratuito que debe llevarnos a vivir en buenas obras.

¿Cuál es el salmo responsorial de hoy?

El salmo responsorial para este lunes de la vigésima novena semana del Tiempo Ordinario es el Salmo 99, que proclama: «El Señor es bueno y su misericordia es eterna». Nos invita a entrar en su presencia con acción de gracias y alegría.

¿Cómo orar con estas lecturas?

Puedes orar pidiendo un corazón agradecido y desprendido. Reconoce ante Dios que todo lo que tienes es regalo suyo. Pídele que te ayude a no poner tu seguridad en los bienes, sino en su amor misericordioso, y a compartir con los demás.

¿Qué detalle del evangelio llama la atención?

El hombre rico solo habla consigo mismo y con sus bienes. No dialoga con Dios ni con los demás. Su monólogo revela una vida cerrada en sí misma. Dios irrumpe al final con una pregunta que descoloca: «¿Y para quién será lo que has amontonado?».

El texto bíblico corresponde al Leccionario de la misa del rito romano. Reflexión y comentario: Online Catholic Mass.

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