Lecturas del 2 de noviembre de 2026

Día litúrgico: Los Fieles Difuntos · Santo del día: San Victorino de Pettau

Hoy, 2 de noviembre, celebramos la conmemoración de todos los fieles difuntos. La liturgia nos regala la esperanza cierta de que las almas de los justos están en las manos de Dios, y el evangelio nos muestra el criterio con el que seremos juzgados: la caridad concreta con los más pequeños. Estas lecturas nos invitan a mirar la muerte desde la fe y a vivir la misericordia.

Primera lectura de hoy

Libro de la Sabiduría 3,1-9.

Las almas de los justos están en las manos de Dios, y no los afectará ningún tormento. A los ojos de los insensatos parecían muertos; su partida de este mundo fue considerada una desgracia y su alejamiento de nosotros, una completa destrucción; pero ellos están en paz.

A los ojos de los hombres, ellos fueron castigados, pero su esperanza estaba colmada de inmortalidad. Por una leve corrección, recibirán grandes beneficios, porque Dios los puso a prueba y los encontró dignos de él.

Los probó como oro en el crisol y los aceptó como un holocausto. Por eso brillarán cuando Dios los visite, y se extenderán como chispas por los rastrojos.

Juzgarán a las naciones y dominarán a los pueblos, y el Señor será su rey para siempre. Los que confían en él comprenderán la verdad y los que le son fieles permanecerán junto a él en el amor. Porque la gracia y la misericordia son para sus elegidos.

Salmo responsorial de hoy

Salmo 27(26),1.4.7.8.9.13-14.

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es el baluarte de mi vida,
¿ante quién temblaré?
Una sola cosa he pedido al Señor,
y esto es lo que quiero:
vivir en la Casa del Señor
todos los días de mi vida,
para gozar de la dulzura del Señor
y contemplar su Templo.
¡Escucha, Señor, yo te invoco en alta voz,
apiádate de mí y respóndeme!
Mi corazón sabe que dijiste:
“Busquen mi rostro”.
Yo busco tu rostro, Señor,
no lo apartes de mí.
No alejes con ira a tu servidor,
tú, que eres mi ayuda;
no me dejes ni me abandones,
mi Dios y mi salvador.
Yo creo que contemplaré la bondad del Señor
en la tierra de los vivientes.
Espera en el Señor y sé fuerte;
ten valor y espera en el Señor.

Segunda lectura de hoy

Carta de San Pablo a los Romanos 6,3-9.

Hermanos: ¿No saben ustedes que todos los que fuimos bautizados en Cristo Jesús, nos hemos sumergido en su muerte? Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que así como Cristo resucitó por la gloria del Padre, también nosotros llevemos una Vida nueva.

Porque si nos hemos identificado con Cristo por una muerte semejante a la suya, también nos identificaremos con él en la resurrección. Comprendámoslo: nuestro hombre viejo ha sido crucificado con él, para que fuera destruido este cuerpo de pecado, y así dejáramos de ser esclavos del pecado.

Porque el que está muerto, no debe nada al pecado. Pero si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él. Sabemos que Cristo, después de resucitar, no muere más, porque la muerte ya no tiene poder sobre él.

Evangelio de hoy

Evangelio según San Mateo 25,31-46.

Jesús dijo a sus discípulos: "Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria rodeado de todos los ángeles, se sentará en su trono glorioso. Todas las naciones serán reunidas en su presencia, y él separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos, y pondrá a aquellas a su derecha y a estos a su izquierda.

Entonces el Rey dirá a los que tenga a su derecha: 'Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo, porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron; desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver'.

Los justos le responderán: 'Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos de paso, y te alojamos; desnudo, y te vestimos?

¿Cuándo te vimos enfermo o preso, y fuimos a verte?'. Y el Rey les responderá: 'Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo'.

Luego dirá a los de su izquierda: 'Aléjense de mí, malditos; vayan al fuego eterno que fue preparado para el demonio y sus ángeles, porque tuve hambre, y ustedes no me dieron de comer; tuve sed, y no me dieron de beber; estaba de paso, y no me alojaron; desnudo, y no me vistieron; enfermo y preso, y no me visitaron'.

Estos, a su vez, le preguntarán: 'Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, de paso o desnudo, enfermo o preso, y no te hemos socorrido?'. Y él les responderá: 'Les aseguro que cada vez que no lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, tampoco lo hicieron conmigo'.

Estos irán al castigo eterno, y los justos a la Vida eterna".

Reflexión del evangelio de hoy

El evangelio de San Mateo 25,31-46 nos presenta la escena del juicio final. Jesús, el Hijo del hombre, se sienta en su trono y separa a las naciones como un pastor separa ovejas y cabritos. Lo que llama la atención es que el criterio de salvación no es la cantidad de oraciones o sacrificios, sino las obras de misericordia hechas a los necesitados: dar de comer, dar de beber, alojar, vestir, visitar. Y hay un detalle que sobrecoge: tanto los justos como los condenados se sorprenden, porque no reconocieron a Jesús en los pobres. «¿Cuándo te vimos de paso, y te alojamos; desnudo, y te vestimos?», Preguntan. La respuesta del Rey es tajante: «Cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo». Esto significa que Cristo está realmente presente en cada persona sufriente. La vida cristiana se juega en lo cotidiano, en los gestos sencillos de amor al prójimo. En el día de los fieles difuntos, recordamos que nuestros seres queridos ya han partido, pero también que nosotros estamos en camino. La mejor manera de honrarlos es vivir con caridad, porque la misericordia es el puente entre el cielo y la tierra. La primera lectura, del libro de la Sabiduría, nos consuela: los justos están en paz, su esperanza está llena de inmortalidad. Aunque a los ojos del mundo parezcan muertos, viven para siempre en Dios. Esta certeza nos impulsa a no tener miedo a la muerte y a invertir nuestra vida en el amor que permanece.

Cómo vivir las lecturas de hoy

Hoy, al orar por los difuntos, haz un acto concreto de caridad con alguien que sufra: un enfermo, un anciano solo, un pobre. Ofrece esa acción por las almas del purgatorio. Puedes rezar un misterio del rosario o una oración espontánea pidiendo que Dios los reciba en su paz. Y recuerda que cada gesto de amor a los demás es un gesto hecho a Cristo.

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Preguntas frecuentes sobre las lecturas de hoy

¿Qué dice el evangelio de hoy sobre el juicio final?

El evangelio de San Mateo 25,31-46 describe el juicio final, donde el Hijo del hombre separa a las naciones según hayan atendido o no a los necesitados: dar de comer, beber, alojar, vestir, visitar. La sentencia se basa en la caridad concreta, pues lo hecho al más pequeño se hace a Cristo mismo.

¿Qué consuelo nos da la primera lectura del libro de la Sabiduría?

La primera lectura nos asegura que las almas de los justos están en las manos de Dios y no serán tocadas por tormento alguno. Aunque a los ojos de los insensatos parezcan muertos, en realidad están en paz y su esperanza está llena de inmortalidad. Dios los probó como oro y los aceptó como holocausto.

¿Cuál es el salmo responsorial de hoy?

El salmo responsorial de la liturgia de hoy es el Salmo 22 (23), que proclama: «El Señor es mi pastor, nada me falta». Aunque no se cita en las lecturas, es el salmo propio para la conmemoración de los fieles difuntos, y nos ayuda a confiar en el cuidado de Dios que nos guía hacia su morada.

¿Cómo puedo orar con estas lecturas en el día de los difuntos?

Puedes orar pidiendo a Dios que, por su misericordia, reciba a tus seres queridos en su presencia. También puedes meditar en las obras de misericordia y comprometerte a realizar alguna hoy. La oración por los difuntos une el cielo y la tierra, y nos recuerda que la caridad es el camino.

¿Qué significa que los justos brillarán como chispas por los rastrojos?

Esta imagen de la primera lectura indica que los justos, después de la prueba, resplandecerán con la gloria de Dios. Serán instrumentos de su luz y justicia, y participarán de su reino. Es una promesa de esperanza para quienes confían en el Señor y practican la misericordia.

El texto bíblico corresponde al Leccionario de la misa del rito romano. Reflexión y comentario: Online Catholic Mass.

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